Archive for the ‘Las flexiones en el sentido de los despertares’ Category

Salir a caminar – 2009 11 28

noviembre 28, 2009

Creo que puedo pensarlo como un viaje en imaginación.

Digamos… uno sale, se va, excede los linderos de su casa. Uno se aleja de ella y ella queda allí, marcando la brújula mental. Entonces, se izan las velas; dos principales, también dos anclas que le sirven de frontera entre la tierra y las nubes. Camina levantándolas, procurando algún día lograr comprar un chocolate en un kiosko para aves. Sigue caminando.
Camina y tiene calor, mucho calor. Es más, el calor lo tiene a él. Es un asunto cotidiano dentro de su esfera psiquesomental, pero así también, admitámoslo, cierta propensión a prender el calefón.
Prender el calefón está hecho de lana y es blanco, con un cierre en el cuello. “Prender el calefón” habla con él; él le manifiesta su propensión y “Prender el calefón” concuerda: están compartiendo un mismo código. Deciden caminar juntos pero no tan juntos.
Él camina avistando en lo alto posible que es su alto, mientras “Prender el calefón” se ubica a su costado, algo pegado a la cintura, prendido de nudos a un morral.
El viaje es largo; ha sido largo. Pensé que había sido menos, ya que no me siento exhausto, pero no: fue mucho. Y fue muy placentero.
Personas, bares, música, alcohol, autos, motos, plazas, cigarrillos, colectivos, maquillaje, zapatos, taco, camisa, perfume, peinado, vestimenta, color, tela, sonrisas, lápiz labial, miradas, taxis, carteles, cosas.
Y allí arriba; las nubes, observando “ser-se” todo aquello y tanto más cuanto quiera reflejar cualquier otra superficie iluminable. A las nubes no les gusta la cumbia; el rock and roll, más o menos. Prefieren los discos de cantos de aves, si es que de discografía terrestre se trata. Me contaba una la otra vez que tiene una colección de discos de sonidos de Marte. Por razones obvias, no pude escucharlo pero de solo pensarlo, mis neuronas hacen sinapsis velozmente.
Muchas palabras, imágenes; hoy me acordaba de “Fenomenología de la Percepción”. Le estoy volviendo a hablar, pronto lo voy a invitar a salir un rato. Las cuestiones relativas a la temporalidad y la existencia me andan requiriendo cierto nivel de dedicación (que por más dedicada que sea, no puede evitar tener sabor a poco).
El celular está acá enfrente mío. ¡Claro! Me olvidaba: celulares.
Hace mucho que no caminaba 10km. Creo que estoy volviendo a salir con Lo Real.

"Everything is Satisfactual"

octubre 10, 2009

O sea… no tengo mucho preludio para postear esto.
Es simplemente una de esas bizarreadas, humor completamente abstraído de todos los parámetros sociales y ‘de realidad’; ridiculez y sin-sentido exponenciados con un tinte apocalíptico, siniestro, maligno, malvado. Una mezcla de todo eso… es decir, un tipo de humor que me encanta.
Nada, no sé ni quién es el cantante… simplemente me lo hicieron ver ayer y me infarté de risa.

Probablemente a muchos no les guste o no le encuentren sentido… bueno, para mí es un tipo de humor muy peculiar. Va más allá de cualquier ‘posible’ y son esas cosas que no se pueden transmitir a la manera de “uh no sabés lo que vi ayer“.

Everything is Satisfactual

Pocas personas conciben mi concepto de "esperar el colectivo" – 2009 9 5

septiembre 5, 2009

Ayer estuve aproximadamente una hora esperando al 140, sobre avenida Córdoba, pasando “el puente” (no sé cuál, es “el puente” que pasa uno cuando se toma el 140 que va por avenida Córdoba).

Hacía mucho que no tenía la experiencia de estar “estancado” en un espacio-tiempo de esa manera, a la manera que mi única opción posible, “dable” para “mí”, era esperar. O sea, podía haberme tomado otro colectivo (hacia destinos inciertamente conocidos), podría haberme tomado un taxi (pero si ayer a la noche no estuve dispuesto a pagar 40 pesos para entrar en un boliche, probablemente deducirán correctamente que tampoco estoy de acuerdo con tomar un taxi), etcéteras.

Hace un tiempo hablaba con Rayén acerca de la concepción (que al menos yo pude inteligir) que hace Heidegger acerca de la angustia.
Digamos, la pregunta inicial ante el fenómeno de la angustia, en relación al enfoque fenomenológico (que supone la intencionalidad, ante todo), es: Angustia… ¿ante qué?
La situación inicial, fenomenológicamente hablando, sería un escenario con estos parámetros: un Mundo, en el cual vivimos, y el cual vivenciamos a la manera de ser concientes en él a partir de lo sensible que nos provee el aparato conciencia-percepción indisolublemente ligado a la experiencia del cuerpo en lo Real.
Entonces, situación inicial planteada: somos en este Mundo, estamos acá, donde sea que el deíctico lleve en cada lector y lectora particular de esto que escribo. Yo estoy acá, vos estás ahí, allá, que es tu “acá”. Estás vivo, estás viva, leyendo esto.

Segunda cuestión, para introducir el fenómeno de la angustia. Dentro de mi ambivalencia afectiva hacia la obra de Lacan, hay una cuestión que utilizé de soporte en la charla con Rayén. Lacan habla de nuestro miedo a la vida, del miedo a estar vivos. Él sostiene que lo que nos apresa en la angustia es la indeterminación de la vida en tanto enigma, misterio intransitable y cuya solución única parece estar trazada en “lo imaginable” acerca de la muerte: la seguridad de morir.
Es decir, Lacan plantea que aquello que nos da soporte para soportar la angustiosa existencia de vivir, es paradójicamente la seguridad que provee el hecho de saber que algún día, toda nuestra vida física-existenciaria va a terminar… que nos vamos a morir.

A colación de esto, un corto videillo de Youtube en donde encontré a Lacan teorizando sobre lo antedicho.

Y ahora, siguiendo con Heidegger, se plantearía esta cuestión análoga al planteo de Lacan. Para Heidegger, el fundamento de la angustia, lo “ante qué” de la angustia, se encuentra en la “posibilidad de vivir”, en tanto responsabilidad por la propia vida.
Digamos, una forma de encarar filosóficamente el concepto de existencia, sería decir algo así como: Bueno, no entiendo la vida, no sé exactamente qué es, pero yo estoy vivo y soy totalmente responsable de este cuerpo constituyente y constituido en lo Real. En tanto tomo eso como supuesto básico para mi existencia, tengo que entender que siempre (bueno, no siempre, pero se entiende) tengo al alcance de mi existencia la libertad suficiente para elegir el decurso de mi vida.

Es un planteo muy cercano al fundamento existenciario de Sartre, que no recuerdo textualmente pero dice algo así como que somos totalmente responsables por nuestras vidas, que somos, los actores y las actrices, creadores y creadoras, de nuestras vidas.

Entonces, volviendo… la angustia, ¿ante qué? Ante la posibilidad indeterminada de vida, ante la responsabilidad de ser uno o una quien en mayor o menor medida puede definir los parámetros existenciarios del decurso de la propia existencia.

Recuerdo hace un tiempo salí a caminar “sin plan”, digamos, el plan era “caminar”; era Domingo a la tarde-noche, y la avenida Corrientes (a las alturas del centro) no estaba “suficientemente” iluminada. ¿Qué encontraba yo allí? Bueno, aparte de querer encontrar “Fenomenología de la percepción” de Merleau-Ponty (finalmente lo encontré otro día en Plaza Italia), estaba encontrando-me yo “allí”. Estaba yo allí, vivo, existiendo, viviendo esa tenue iluminación que fácilmente podía desgarrarme en angustia. Estaba transitando o coqueteando con la posibilidad de una angustia ante mi vida, ante lo indeterminado que resultaba a priori el hecho de salir a caminar por el solo hecho de caminar.

La diferencia con la situación de ayer, en donde yo me encontraba esperando, es que ahí no había demasiado movimiento corporal, más que golpes rítmicos (y obsesivos) con mis pies o mis manos. Primero me escapé de la situación calzándome los auriculares para escuchar a Steve Reich, y luego de alguna manera elegí sacármelos y empezar a observar de lleno el paisaje que integraba y que me estaba llenando en ese momento. Ahí de alguna manera abracé la sensación de “estar ahí”, de sentirme en el momento, de estar viviendo el momento. De estar sólo en una parada de colectivo, con muy pocas esperanzas de ser rescatado por el colectivo prontamente. Era estar ahí, esperando, escuchando, viendo la cantidad de colectivos-que-no-eran-el-140 que pasaban frente a mí. Viendo a algunas personas, del otro lado de avenida Córdoba, meando contra las paredes. Camuflándome a voluntad de una persona que dentro de la aventura prejuzgué como un posible ladrón. Existiendo ahí a la manera de “la espera”, del acontecimiento glorioso que suponía para mí ver un colectivo rojo acercarse, con la insignia en verde, “140”.

Creo que ahí también estaba apresándome la posible angustia. Digo, no me angustié, pero la angustia podía ser en cualquier momento, a la manera de “enojarme”, de “impacientarme”, de “irme”, de cualquier manera. Yo elegí vivir la espera, que el colectivo viniera a suplir mi necesidad. Engañosamente, diez minutos antes que llegase el colectivo, se sumaron a mi espera dos personas más. Pero más allá de contarles que probablemente el colectivo ya estaría por llegar dada mi sostenida espera de una hora (que supuestamente devendría en un entonces, ya tiene que venir algo egocéntrico), todavía tenía ese espacio de sentirme solo ahí, de vivir la espera en soledad de algo tan simple como un colectivo que en aproximadamente treinta minutos, me devolvió finalmente a mi casa.

_____

Acabo de titular el post; hay pocas personas en mi vida cotidiana que comprenden vivencialmente el concepto de “esperar el colectivo que me lleva a casa” a la manera de quizás tenga que esperar una hora.
En general mis amigos de Belgrano pueden tomarse cuatro o cinco bondis en cualquier lugar, que no tardan más de cinco minutos en llegar. Por tanto, apurarse, demorarse, perder uno, dos o tres no cambia radicalmente la situación.
En mi caso, soy de esas personas que cuando se disponen a retornar a su casa, caminan rápido hacia la parada, ya que “perder el bondi” implica, en los tiempos de tránsito de colectivos que me llevan a mi casa a la madrugada, mínimo una hora de espera hasta el próximo.
Por ello, realmente pocas personas (usualmente las que encuentro en la parada) conciben mi concepto de “esperar el colectivo”.

Publicidad de licor de café Borghetti (Reflexiones propias) – 2009 7 2

julio 2, 2009



Publicidad de licor de café Borghetti

Hace unas semanas empezé a notar esta publicidad en donde, como se ve en la foto, se presenta la imagen de una mujer. Paso a detallar las características de la mujer que para mí resaltan:

el hecho que tenga maquillaje en primera instancia no me parece llamativo. Me parece un patrón común en la publicidad.

Noten que no tiene pelo visible en la frente, lo cual sería un indicador de que tendría el pelo atado (o “controlado”) de alguna manera.

Noten que la mujer se está tomando el saco con las manos, de una forma que (deducido a partir de la posición de los dedos –de los pulgares sobretodo-) podría inducirse que está por abrirse el saco. Obviamente debajo del saco no tiene ropa, eso se aprecia y va de nuevo en sintonía con el típico patrón de asociar consumo de un producto = mujeres sin ropa.

Ahora, lo más curioso para mí fue notar este paralelismo. Habrán notado que en el cuello, la mujer tiene pegada una etiqueta. Y esa etiqueta es idéntica a la que se presenta “en el cuello” de la botella que se promociona. ¿Qué tipo de reflexión puede derivarse de ello?

Y en general, ¿qué tipo de reflexiones pueden derivarse de estas curiosidades?

Bueno, yo les expongo la mía, en forma de frase metafórica: “Cuando tomes licor de café Borghetti, va a ser como si desnucaras y le sacases la cabeza a una mujer, que está pronta a desnudarse frente tuyo, y vas a incorporar (vas a tomarte) el contenido de la mujer, que está totalmente sumisa y esclava a tu deseo (palabra que aparece en el slogan), indicio del cual forma parte el hecho que tenga el pelo atado (su propio deseo está contenido, domado, controlado, reprimido).

Esta reflexión nació de mí principalmente a partir del paralelismo entre el cuerpo de la mujer y el cuerpo de la botella. Si pensamos “la mujer como botella”, figurativamente, “para tomarnos la mujer” deberíamos desenroscarle la cabeza a partir del cuello (desnucarla) y arrancarle la cabeza (sacar la tapa de la botella) para verter el contenido de su interior.

Y se sigue a partir de la observación del pelo atado, que se toma como sugestivo indicio del “deseo controlado” (y esto bajo una interpretación psicoanalítica freudiana), lo cual estaría en sintonía con expresar la condición de sumisa y esclava de la mujer, pronta a sacarse la ropa.

Entonces… me pregunto, ¿de quién es este deseo, allí donde siempre hay una estrella? Yo, más que un deseo, veo dos: uno controlado y reprimido, sometiendo a la mujer a la muerte… ¿y el otro? Pareciera estar más del lado del “deseo de” hacer “eso” con la botella, figurativamente, la intención inconciente de matar a la mujer e incorporar su interior en forma de licor de café.

Me pareció novedoso (aunque seguro no es la primera publicidad que asemeja el formato y forma de su producto con el cuerpo de una mujer) el hecho de sugerir expresamente este salvajismo, este “tomar a la mujer por el cuello, arrancarle la cabeza y tomarte su interior”.

Bueno… hasta ahí llega mi reflexión. Pueden estar de acuerdo conmigo o no. El paralelismo entre el cuerpo de la mujer y el cuerpo de la botella es evidente y en la imagen marco los dos signos de ello… si les queda alguna duda acerca de la función que se le otorga a la mujer en esta publicidad, a partir de esta analogía, los invito a pensar: ¿qué hace uno cuando abre una botella?

Análisis de publicidad de ketchup Hellman’s – 2006 11 10

julio 2, 2009

Hace unos años (bueno, en el 2006) salió una publicidad de Hellman’s que posteo a continuación. Viéndola un par de veces empezé a observar determinadas curiosidades que me llevaron a hacer un análisis de la publicidad bajo un marco teórico psicoanalítico freudiano. Les comparto mi análisis, me animé a publicarlo por la actitud crítica y analítica que me surge ver numerosas publicidades de hoy en día, que sugieren subliminalmente determinadas concepciones y significados acerca de “ser hombre” y “ser mujer”. Acá está la publicidad:

Y este es mi análisis, escrito a fines del 2006:

Publicidad de Ketchup Hellman’s

La publicidad transcurre más o menos de este modo:

Hay un pibe en la cocina preparándose un pancho, sube al cuarto, le pone ketchup a su pancho y en ese mismo momento, por presión, el ketchup sale disparado hacia un póster que tiene en su cuarto. ¡Oh sorpresa! El póster es de una mina que está bárbara. La publicidad así adquiere su aparente sentido humorístico: el pibe se pone a lamer el ketchup del póster (es decir, “sobre” el cuerpo de la mina), y el efecto cómico llega cuando entra el padre al cuarto y lo ve, más que con las manos en la masa… con la lengua en el póster.

Esa es una primer lectura, seguramente la lectura que nos propone la publicidad. Involucra el tema base de todas las publicidades del momento, especialmente estas recientes de Hellman’s. Sí, obvio, era lo que estábamos pensando: sexo.

Pero también hay una segunda lectura implícita en esta publicidad, y consiste en esto:

Cuando el pibe sube a su cuarto con el pancho, si prestan MUCHA atención al posicionamiento de los objetos en la escena, van a notar una extraña combinación del pancho con el póster de la mina.

El pibe entra a su cuarto con el pancho en la mano, y hace un giro (creo que para sentarse en su silla) en donde el pancho queda extrañamente superpuesto al pubis de la mina del póster. Es menos de un segundo, pero como voy a pensar más abajo, es no menos que un segundo inconciente, ya que la trama de esta segunda lectura no termina ahí.

Observen bien la publicidad, VAN a terminar viendo que el pibe pone el pancho a la altura del pubis de la mina, sobre la bikini. Lo posiciona acorde como para que cualquiera de nosotros, limados pensantes, piense: “El pancho es la pija de la mina”.

Ahora… pensar eso no sale de una, obviamente. Pero si traemos ciertos términos psicoanalíticos para el caso, me parece que la relación va a estar más explicita:

Madre arcaica (fálica)

Bisexualidad / homosexualidad

Negación de la castración en la mujer / transexualidad à castración (sangre)

Esta ultima oposición (negación de la castración / castración) la pensé luego a partir de esto: ¿no les parece extraño que el pibe derrame ketchup “en” la mina”? ¿Es decir, que el ketchup quede derramado en la mina? ¿Qué relación puede haber entre el ketchup (rojo) y lo castrado (que debidamente habrá dejado rastros “rojos”)?

Sí, estoy aludiendo que el ketchup es la sangre de la mujer castrada. Pero todavía hay mas: ¡el pibe LAME el ketchup! Quizás es solo una analogía sangre – semen: aquello que es expulsado con dolor, también es expulsado por placer (relacionado con la eyaculación, pero más primitivamente con el abandono de la posición de “castrada” por parte de la mujer, para poder gozar de la vagina como órgano sexual privilegiado)

Pero anteriormente el pibe, simbólicamente diríamos, ¡dotó a esa mujer de un pene! (el pancho). Entonces, ¿Qué se juega en estas 2 escenas?

Yo creo que definitivamente hay cierta fantasía, no se si de homosexualidad, de transexualidad o de voracidad oral (el pibe quiere comer –incorporar oralmente- ese falo de la mujer). No se si de resistencia a la madre fálica.

Pero a partir de esta segunda lectura la primera ya está totalmente desterrada.

El efecto cómico queda relegado a un fondo en donde la escena principal es sombría, llena de términos de los cuales desconocemos (pero conocemos) su relación: mujer castrada, negación de la castración, semen, sangre, fase oral (caníbal), pensamiento falo-centrista.

Este último término quizás no esta tan explicito pero gira en torno a lo que más salta a los ojos en la publicidad: que la publicidad gira en torno a la salchicha (vale reírse). Pero sí, la publicidad gira en torno al pene, relacionado con la mujer. O sea que hay cierta negación de la posición femenina, determinándola solo como un resto de la posición masculina que fue abandonada con cierta “ruptura” (castración). Y esta negación, cuando no, ¿de quién podía venir? De nosotros, que estamos tan felices con nuestro falo. Me refiero a una negación del hombre de una aparente castración de la mujer, en contraposición a una aceptación de las diferencias en base a los pares antitéticos complementarios ( masculino – femenino), en base a las diferencias genitales (pene – vagina).

Miren la publicidad, y noten ese medio segundo en donde la mujer tiene pene. Eso no lo van a poder negar. El resto es interpretación mía a partir de segundos complementarios. Noten cómo difiere la interpretación de la escena en donde el pibe lame el ketchup: en una primer lectura, es una cuestión cómica, sexual sin tapujos. En una segunda lectura involucra todo un sistema de pensamiento que podría ser llamado “machista”, con residuos homosexuales del psiquismo masculino.

Eh… ¿qué le pasa a mis auriculares? – 2009 6 10

junio 10, 2009

Eh… a mí solo se me ponen llorosos los ojos cuando empiezo a hablar de temas espirituales en el sentido de espíritus y fantasmas, cuestiones con las cuales prefiero no lidiar. Nunca jugué ni voy a jugar al juego de la copa, por ejemplo.

Recién estaba chateando y noté algo… que me hizo poner los ojos llorosos. Recién, hace 3 minutos. A mi lado tengo unos auriculares apoyados sobre un estante. El cable de ellos es largo y por lo tanto cuelga del estante. Estoy en un lugar cerrado, o sea que no corre aire de ninguna manera. La cuestión es que el cable… se empezó a mover solo. Se enroscó de distintas maneras, de a poquito. Fue muy raro, ahora mientras escribo no se está moviendo. Pero fue realmente raro, o sea, no estoy flasheando: VI que el cable se estaba moviendo, como que se enroscó en sí mismo. Juro que no estoy flasheando. No sé, tenía que escribirlo, me puso los ojos totalmente llorosos. Ahora no les puedo sacar la vista de encima… aunque por suerte, desde que me puse a escribir no se movieron más.

Ayer me sentí frenéticamente conectado con alguien – 2006 7 23

mayo 29, 2009

Ayer me sentí frenéticamente conectado con alguien. Digo “frenéticamente”, porque decir “terriblemente” sonaría terrorífico. Decir “muy”, no bastaría, ya que no hay cantidades: uno no puede estar más o menos conectado a algo. Uno lo está o no lo está.

“Frenéticamente” describe el impulso indefinible en cuanto tal, de la percepción de un lazo, un vínculo. Todo parece humano y regular cuando pensamos que nosotros, las personas, buscamos vínculos todo el tiempo. Sí, está claro que somos personas sociales. Pero cuando me detengo a ver las condiciones de vida actuales, que, no por ser pesimistas, convengamos que nos alejan de la sociabilidad, es cuando me doy cuenta del poder que emanan estas conexiones. El pensamiento de la vida cotidiana nos insta a considerar a los demás como objetos, como obstáculos. Uno camina por la calle y tiene que esquivar personas, pero desde el momento en que el acto mismo se convierte en “ir caminando esquivando gente”, esa gente dejó de ser gente. Uno ya no la mira a los ojos, uno la considera como cosas, como parte inevitable del camino. Y así la persona promedio cae en la fantástica paradoja de ser un ser social, anti-social. Esa persona olvida lo que tiene a su alrededor: olvida que los que comparten y construyen la vida con él, la vida del contexto y hasta su propia vida, son personas, personas como esa persona; distintos, pero personas al fin.

La mirada. Quizás uno de los mejores indicios de vida humana sea el contacto de dos pares de ojos. Y no me refiero exactamente a ojos humanos con ojos humanos. Quizás, en el contexto de este escrito, baste con que solo un par de esos ojos sea humanos. Porque también sería caer en la negligencia evitar el poder que emana lo “no-humano”. ¿Quién se anima a decir que de los animales uno no aprende? O de los insectos. O del cielo, de las nubes, de cómo se mueven. ¿Quién piensa realmente que uno no está en constante aprendizaje de lo que lo rodea, lo que forma parte de su vida?

La razón y el intelecto. Quien piense que uno no puede aprender de los animales, me siento tentado a sugerir que esa persona cree únicamente en el intelecto: pero más que abarcar el intelecto como tal, que cree específicamente en la razón. La razón lógica, palpable en términos matemáticos. Pues… no hay que recorrer demasiado la historia del pensamiento para notar cómo, si bien la razón es ponderante en nuestra raza, está lejos de ser la única vía de pensamiento, el único medio hacia el conocimiento como fin. Desde una tribu que performa danzas y rituales para que una persona enferma entre en trance, se comunique con el chamán de la tribu en otra realidad y entablen la cura de ese modo, hasta aquellas tribus que se apoyan en el conocimiento de plantas medicinales que hacen las veces de “plantas de poder”.

La razón y la cura del miedo a ser humanos. Es precisamente a lo largo de la historia del pensamiento que la razón se convirtió en la forma de pensar preferida de nuestra raza. Quizás es la que más frutos dio, frutos materiales. Estoy “evolutivamente” a favor de esos frutos (salvando la clásica polémica de “si la tecnología realmente ayuda al hombre”), ya que, como raza que se dirige por un camino, acepto que el camino fue el desarrollo de herramientas y en última instancia, tecnología. No hay mucho que cuestionar sobre ese camino: se dio así, eso hace que nuestra realidad sea ahora de esa forma.

Lo curioso ocurre cuando la razón deja de usarse como herramienta, como “forma de hacer las cosas”, y pasa a ser usada, generalizando, como medio de pensar. Como si nuestra existencia se basara en un conjunto de preposiciones lógicas, en una cadena de pensamiento lineal, que tiene un inicio, un desarrollo y un fin.

Quizás nos vimos tentados a pensarlo así en analogía con lo que pensamos es nuestro paso por la vida: nacimiento, vida, ¿muerte? Y cabe aclarar que con esos signos de pregunta busco no tanto sugerir un posible “más allá” de la vida en el sentido espiritual o meta-físico, sino simplemente advertir que como humanos, apoderados por el miedo a la vida, nos vimos instados a creer en la muerte. Sí, creo que los humanos no le tememos a la muerte, sino que le tememos a la vida. La muerte es certera: todos los organismos mueren. Lo que es incierta es la vida. Está claro que la vida se conduce a la muerte. Pero pareciera que la mayoría de las personas logran imperfectamente internalizar esa premisa: como humanos, nacemos para morir. Vivimos para morir. Es un hecho natural, observable, irrefutable. Frente a este inevitable destino cabe resaltar básicamente dos opciones: una es encerrarse en una vida de miedo hacia la vida misma. Un miedo que nos hace egoístas, anti-sociales, que nos cierra ante los misterios del mundo que nos rodea, pero más esencialmente, al misterio de las personas que nos rodean. La otra opción es usar el miedo como herramienta para lanzarnos al medio del misterio: lanzarnos al mundo, nunca para conquistarlo, nunca para contenerlo en nuestras mentes. Más humanamente, para vivirlo. Para vivir eso que hay en el mundo, que casualmente somos nosotros viviendo. Convengamos: ¿qué más queda que vivir la vida, cuando la meta de la vida misma nos conduce hacia nuestro único destino certero?

Y es cuando nos realizamos en el sentido espiritual, cuando logramos entender esa segunda opción que nos sugiere constantemente vivir momentos, situaciones y sentimientos, es ahí cuando nos volvemos humanos. Y posiblemente sea de esa manera que nos vemos emocionados, intrigados, absortos ante la posibilidad de descubrir los otros mundos que yacen en todas esas otras personas que rodean nuestra vida. Es ahí cuando damos significado a la historia de la vida social, cuando realmente nos vemos realizados como humanos: cuando entablamos contacto con otros humanos.

Ayer me sentí frenéticamente conectado con alguien.

Ahora puedo decir: ayer me sentí humano. Sentí que mi individualidad dejaba de ser tal, para compartir sentimientos e ideas con otra individualidad. Y se construyó algo. No sé qué: quizás fue tan solo un vínculo, una forma de compartir esas ideas y sentimientos. Lo que sea, no me preocupa en absoluto ponerle palabras. Porque también las palabras son como la razón, tratando de ponerle algo que sea “nominable” a nuestra experiencia, a nuestros sentidos, redundantemente a nuestras mismas palabras. Paradójicamente, todo lo que puedo hacer es escribir: “ayer me sentí frenéticamente conectado con alguien”.

Al Paul Orgías (de Agharta) – 2006 4 16

mayo 29, 2009

“Los orígenes de un universo simbólico arraigan en la constitución del hombre. Si el hombre en sociedad es el constructor de un mundo, esto resulta posible debido a esa abertura al mundo que le ha sido dada constitucionalmente, lo que ya implica el conflicto entre el orden y el caos. La existencia humana es una externalización continua. A medida que el hombre se externaliza, construye el mundo en el que se externaliza. En el proceso de externalización, proyecta sus propios significados en la realidad. Los universos simbólicos, que proclaman que toda la realidad es humanamente significativa y que recurren al cosmos entero para que signifique la validez de la existencia humana, constituyen las estribaciones más remotan de esta proyección.”

Bueno, así comienza este update express: con un poco de construcción de realidades. Estuve unas buenas horas trasncribiendo un subrayado de un texto de Psico Social.

Pero supongo que eso no me excusa de no haber updateado todos estos días!

Sí… yo sé que me deben haber extrañado en demasiado. Así que opté por llenarme de ternura y realizar este breve update, que los dejará queriendo más, y más… Y MÁS, MÁS MILLONES, Y CADA VEZ MÁS, MAS MILLONES!!!!!!!!!!!!” (la/el que entendió se gana un premio)

Estoy escuchando GeminiinimeG odnahcucse yotsE

(tout de suite says:
voy a hacer una actualización express
Viquita says:
me parece bien

Ojo, Viquita aprueba mi update)

Aunque…

También sabemos que…

.

Che! A vos, chabón cristiano, que hayas tenido una feliz pascua.
Y a tí, cristiana v.i.p., no comas mucho chocolate que luego erupcionan los volcanes.

. Esto es un popurrí. Que no es lo mismo que un peu de porrín. Ni un porrón de Pepe Le Peu.
Aunque mezclar zorrinos (o ardillas) y elefantes puede sonar tentador, yo creo que el día de hoy estamos decididos a abrir la heladera y aconsejarle al conejo: “Conejito conejito, aquí hace calorcito. Mejor vete a Av. Independencia al 3065, donde tal vez haga más frío. Podés ir haciendo una mega combinación de líneas de subtes o, desde mi casa, con el 127. Bajate en la terminal eh! Que te deja a 4 cuadras.”

Y el conejito obedeció.

Luego se cortó la cabeza, mientras Johnny Depp echaba el radiograbador a la tina.

Hoy pensé en hacer algo en grande. Recuerdan la hilación “Pibe polenta = 3,141492653589V+21%A77QUE”?
Se me ocurrió escribir MUCHO a partir de 1 frase. Al estilo de lo que hice recién, pero con hilaciones y asociaciones ad-infinitum.

Bueno, ni idea. Por ahora la facu me mantiene entretenido. Así que si rompo esta regla, mi acceso puede ser terminado y mis fotos borradas por discreción de los administradores de Fotolog.

Ah, última cosa: este update está lleno de apologías implícitas.

VIVA LA POLOGÍA.
Yo compro La Nación, PERO ME LA RE BANCO.
Aunque no voy al Banco Nación.

Y basta. Voy a poner “Stop” en el Winamp. Voy a despedirme de Viquita. Voy a apagar la pecé. Bajar la persiana, activar la alarma y echarme en la cama.

MENTIRA! Voy a apretar “Upload”, abrir la ventana y quedarme observando a los autos que pasan, mientras cuento cuántas ruedas tienen.

MENTIRA: voy a mentir una y otra vez porque en realidad la realidad no es realmente tan real como lo dispone La Realeza.

Che, pero eso es cierto! Miren, lo dicen Berger y Luckmann: “Las definiciones tradicionales de la realidad inhiben el cambio social; inversamente, las rupturas en la aceptación establecida del monopolio lo aceleran. Existe afinidad entre aquellos a quienes les interesa retener las posiciones de poder establecidas y los elencos que administran las tradiciones monopolizadoras para el mantenimiento de los universos. (Las fuerzas políticas conservadoras tienden a apoyar los reclamos monopolizadores de los expertos universales.)

Cuando una definición particular de la realidad llega a estar anexada a un interés de poder concreto, puede llamársela ideología. Lo que distingue a la ideología reside en que el mismo universo general se interpreta de maneras diferentes que dependen de intereses creados concretos dentro de la sociedad de que se trate.”

Ja, estos campeones sí que se sacan la gorra!

Crónica de un técnica telefónico desaparecido (de Agharta) – 2006 3 31

mayo 29, 2009

Hoy presentamos: “Crónica de un técnico telefónico desaparecido”.

(Auspician este cuento: Qiqun Pan y “la pintura de los firuletes rojo, azul y amarillo”.)

Érase una vez un Leandro que vivía con su familia en su mansión (en la misma habitaba un imponente gato, pero esa es una historia ya publicada). Como típica familia de clase media, la familia de Leandro (Leandro incluido) tenía una línea telefónica, que usaban como cualquier familia normal con intenciones de comunicarse.

Un día Leandro quizo una bicicleta.
Otro día… la línea telefónica dejó de funcionar.

Entonces, Leandro se comprometió a recibir al técnico de la compañía telefónica (Teleco_ , reservamos la última letra para no develar la identidad de la misma). Y todos se regocijaron.

Ese día fue precisamente este día! (lo cual hace de esto un cuento sumamente interesante… un real-time story!).

Sucedió que Leandro se levantó hoy, decidido a invertir su tiempo en esperar a dicho técnico.
Todos sabemos cómo funcionan los horarios de los técnicos. De cualquier tipo de técnico!

“Un móvil técnico pasará por su casa entre las 16 y las 17hs”… y uno lo espera para eso de las 22, 23, tranqui…

Pero gran sorpresa se llevó Leandro!
Pues llegaba de una tienda de bicicletas (próximamente tendrá una), eran las 15.20, y a escasos metros de su casa divisó un misterioso camioncito de Teleco_, y un simpático señor tocando timbre en su casa.

Corrió Leandro a recibirlo, sacudido por esa anti-puntualidad temprana. Esta era una situación sospechosa… un técnico que llega antes de hora? …

Y para más… palabras del técnico llegaron a los oídos de nuestro personaje: “Sí no, llegué temprano porque andaba por la zona. Pasé al mediodía también porque a lo mejor había alguien, pero bueno, acá estamos.”

… a todo esto, quién no puede ser presa de una ola de intriga? Pero Leandro decidió aceptar las circunstancias dadas y entregarse a dicho momento.

Entonces el técnico entró a la mansión. Y todos se regocijaron.

Pasó que el técnico comenzó a chequear los cables de la línea en la terraza de la casa, y para su sorpresa, no encontraba un problema.

Así que… decidió que lo mejor era chequear la caja telefónica en las obras en construcción vecinas!
Entonces… Leandro le abrió al técnico para que vaya a completar su labor. El técnico se despidió al ritmo de “Ya vuelvo”… y Leandro se sentó a esperar.

Pasó media hora… una hora… hora y media. Leandro se entretenía haciendo crucigramas, molestando a su gato, y el tiempo pasaba… … hasta que se le ocurrió ir a chequear por la ventana, a ver si el camioncito de Teleco_ seguía ahí.

Claro… ya imaginan el resultado de dicha situación.

___

Qué onda!? Viene un técnico de Telecom a mi casa a reparar el teléfono y desaparece!?

Claro que fui a llamar al 114 para que alegremente me entretenga una canción de rumba/salsa/merengue por 5 minutos mientras esperaba que me atienda Don Nadie!

Pero posta que no entiendo.

O sea… se fue! Pero por qué? Los dejo con una votación (y con el cuadro del firulete rojo, azul y amarillo):

A) El técnico nunca existió. Todo fue producto de mi imaginación luego de haberme fumado una bicicleta.
B) El técnico todavía está en la zona… merodeando, esperando que yo atienda el teléfono para acechar como una bestia salvaje!
C) La esposa del técnico estaba embarazada y no se le ocurrió mejor momento para dar parto que cuando su marido estaba en mi casa, arreglando el teléfono.
D) El técnico no era técnico y yo no soy Leandro.

Escribir en clave de Sol (en Agharta) – 2006 3 24

mayo 29, 2009
1, 2, 3, 4, 5, 6.

7.

3. 8

9

42

78

20

55

20

56

19

59

00.

Recuerdo que una vez imaginé un teclado de computadora cruzado con un piano. Y que entonces, cada nota representaría una letra, y al escribir cosas, al mismo tiempo compondríamos canciones.

Visceversa, al tocar alguna canción, estaríamos escribiendo algo.

Me parece que resolvería situaciones tales como “no encuentro una buena letra para ponerle a esta canción”.

En fin,

Mezclar números, sonidos, palabras. Siempre me sorprende la historia de la evolución del sonido, de cada letra, de cada palabra. Es como si como una comunidad universal nos hubiésemos puesto de acuerdo y hubiésemos dicho “ok, esto es un árbol, con A, R, B, O, L, y como tenemos que decirla con cierto impulso, le ponemos tilde en la ‘A'”.

En realidad, es mucho más probable que (pese a la linda idea de una “aceptación” universal de la lengua) la lengua simplemente haya evolucionado a través de los procesos históricos que la involucraron (conquistas, migraciones, circunstancias climáticas, etc).

Sea como sea, al decir cualquier palabra en el día de hoy sé que podemos armar una cadena que hasta pueda originarse en el ruido de un trueno resonando en una cueva hace 10.000 años atrás.

¿Cómo les gustan las palabras?

A mí me gustan, pero tengo una postura muy confiada en cómo usarlas. Tengo la idea fija de que palabras y acciones se llevan casi opuestamente. Tal vez es por mi historia personal, pero muchas veces me encontré en situaciones donde veía demasiadas palabras y se concluía con ninguna acción. O al revés. Por eso mi idea es ‘pensar’ palabras luego de hacer acciones. Debe sonar medio neurótico, jeje. Es una suerte de forma de llevarme con el lenguaje, que pienso que domina muchos aspectos de nuestro pensamiento. En sí, es buscar una puerta que me lleve más hacia las acciones. Claro está, que, irónicamente, estoy escribiendo esto con palabras, para titular las acciones que quiero que salgan sin palabras.

Bueno! Hoy no tengo ganas de meterme en mí mismo. Así que… ahí tienen.

Una pintura de Lisa Kowalski, “Vertical Focus I”.

Me gusta! Y a ustedes?