Archive for the ‘Flexiones dementes’ Category

Salir a caminar – 2009 11 28

noviembre 28, 2009

Creo que puedo pensarlo como un viaje en imaginación.

Digamos… uno sale, se va, excede los linderos de su casa. Uno se aleja de ella y ella queda allí, marcando la brújula mental. Entonces, se izan las velas; dos principales, también dos anclas que le sirven de frontera entre la tierra y las nubes. Camina levantándolas, procurando algún día lograr comprar un chocolate en un kiosko para aves. Sigue caminando.
Camina y tiene calor, mucho calor. Es más, el calor lo tiene a él. Es un asunto cotidiano dentro de su esfera psiquesomental, pero así también, admitámoslo, cierta propensión a prender el calefón.
Prender el calefón está hecho de lana y es blanco, con un cierre en el cuello. “Prender el calefón” habla con él; él le manifiesta su propensión y “Prender el calefón” concuerda: están compartiendo un mismo código. Deciden caminar juntos pero no tan juntos.
Él camina avistando en lo alto posible que es su alto, mientras “Prender el calefón” se ubica a su costado, algo pegado a la cintura, prendido de nudos a un morral.
El viaje es largo; ha sido largo. Pensé que había sido menos, ya que no me siento exhausto, pero no: fue mucho. Y fue muy placentero.
Personas, bares, música, alcohol, autos, motos, plazas, cigarrillos, colectivos, maquillaje, zapatos, taco, camisa, perfume, peinado, vestimenta, color, tela, sonrisas, lápiz labial, miradas, taxis, carteles, cosas.
Y allí arriba; las nubes, observando “ser-se” todo aquello y tanto más cuanto quiera reflejar cualquier otra superficie iluminable. A las nubes no les gusta la cumbia; el rock and roll, más o menos. Prefieren los discos de cantos de aves, si es que de discografía terrestre se trata. Me contaba una la otra vez que tiene una colección de discos de sonidos de Marte. Por razones obvias, no pude escucharlo pero de solo pensarlo, mis neuronas hacen sinapsis velozmente.
Muchas palabras, imágenes; hoy me acordaba de “Fenomenología de la Percepción”. Le estoy volviendo a hablar, pronto lo voy a invitar a salir un rato. Las cuestiones relativas a la temporalidad y la existencia me andan requiriendo cierto nivel de dedicación (que por más dedicada que sea, no puede evitar tener sabor a poco).
El celular está acá enfrente mío. ¡Claro! Me olvidaba: celulares.
Hace mucho que no caminaba 10km. Creo que estoy volviendo a salir con Lo Real.

Periódico "El Andén" #23: Drogas.

noviembre 8, 2009

Hará poco menos de una semana, Bort, un amigo, me invitó a aportar mi visión cuasi-psicológica sobre el tema de las drogas, su consumo y los efectos en el organismo para este periódico de publicación quincenal, “El Andén“.

En “El Andén” participan los enfoques de filósofos, sociólogos, politólogos, psicólogos, todos estudiantes o graduados.
La publicación, como mencioné, es quincenal y por ahora se realiza en la zona de Chascomús, mas con intenciones de llegar a C.A.B.A. (Capital Federal). Cada edición se enfoca en algún tema de interés particular (derechos humanos, familia, prostitución, etc.) y los redactores generalmente cambian. Bort, Jaime Lanusse, actualmente forma parte del equipo estable de trabajo. Yo participé a la manera de redactor.

La propuesta en general fue abrir un debate, desde distintas disciplinas y prácticas, que construya una visión crítica acerca de las drogas. Cada aporte (cada redacción) tiene como eje determinada visión: jurídica, sociológica, psicológica.

Acá subí el número con la temática en cuestión. Lo subí a tres servidores distintos, ya que algunos tuvieron problemas para bajarlo de Rapidshare:

Rapidshare: http://rapidshare.com/files/304129672/El_And__n__23.rar.html
DepositFiles: http://depositfiles.com/files/63gib2ci4
Megaupload: http://www.megaupload.com/?d=5QZGKGJ0

Está ordenado por páginas. Entre paréntesis, se especifica el/la redactor/a en cuestión o el título de la nota.

"Lacan vs. Freud" – de Isabel Lucioni

octubre 9, 2009

Cuando estaba empezando mi carrera, en el 2004; es decir, cuando ya sabía que era Psicología lo que quería estudiar en ese momento (que deviene en este momento), un día recorriendo la biblioteca de mi vieja encontré este librillo de una psicoanalista; Isabel Lucioni.

“Lacan vs. Freud”… ok, pensé para mis adentros. Un libro titulado “Lacan vs. Freud” DEBE ser interesante.

En esos momentos todavía tenía muy poca idea de quién fue Lacan, apenas empezaba a estudiar a Freud. Pero con el tiempo, cursando materias de tinte psicoanalítico, Lacan no tardó en aparecer. Y en general, siempre apareció a la manera de “interpretación” de Freud. Creo que la pregunta que empecé a hacerme yo en esos tiempos (sobretodo en el 2005, cursando ‘Psicoanálisis: Freud’) es una pregunta que en algún punto debe haberse planteado cualquier psicoanalista: ¿Qué quiere decir, decir que Lacan ‘interpretó’ a Freud?

A esa pregunta se fueron sumando a lo largo de mi carrera muchas otras, como por ejemplo: ¿Qué quiere decir que Lacan diga que se considera freudiano y que si alguien se considera lacaniano, es tema de ese alguien?
¿Qué quiere decir que Lacan haya querido ‘masterizar’ eso que conceptualizó como “retorno a” Freud?
Son preguntas a las cuales respondí de manera incompleta y parcial y no espero responder de manera total, pero yo ya voy teniendo mis respuestas. Y este libro, “Lacan vs. Freud”, en la medida que lo empecé a leer hace unas semanas y ya estoy terminándolo, fue también arrojando muchas respuestas. Algunas las había intuido muy vagamente tras analizar cómo exponía Lacan, cómo escribía, su falta de didáctica pero igualmente mi intención de conocer la originalidad de su obra.

Hay muchos malentendidos, creo yo, dentro del ámbito del Psicoanálisis, en función de este debate. Yo, dentro de mi total ignorancia práctica, atisbo a decir que grandes de estos malentendidos giran en torno a:
1) Creer que Lacan efectivamente es el sucesor de Freud y que su interpretación es “la” interpretación de Freud. Básicamente, creer que si Freud leyera a Lacan interpretándolo acordaría con él.
2) Creer que la teoría de Lacan tiene fundamentos comprobables más allá de los ‘recursos’ que en general fue tergiversando desde distintas disciplinas (Lingüística, Antropología, Derecho y Matemática, entre otras). Es decir, la creencia de que lo que Lacan ‘teorizó’ es un sistema de conocimiento fundado, coherente, transmisible, como en algún punto -si bien criticado y criticable- hizo Freud.
3) Confundir el supuesto aporte de Lacan a la Psicosis como entonces una necesidad de interpretar toda la teoría freudiana en función de ese aporte. Vale aclarar que tendré que leerme TODOS los tomos de Freud de Amorrortu para esclarecer si no es ya un concepto -más allá de su significación, del nombre, la etiqueta que se le pone, que es circunstancial- en su obra.

Hasta ahora, pareciera que lo estoy destruyendo a más no poder. Es así, pero al mismo tiempo creo que tiene cuestiones conceptuales muy buenas. Por ejemplo, pensar el discurso analítico en función de ‘significantes’, creo que está bueno y aporta a la técnica (pero eso es algo que ‘apropió’ de Saussure). Otro ejemplo: la conceptualización y función del Otro (bueno, se puede arguir que decanta en buena medida del concepto de imago, que Freud toma de Jung).

En fin, mi debate intrapsíquico sigue y yo creo saber dónde me paro, en qué lugar. Si Lacan una vez dijo que si alguien quería considerarse lacaniano que lo hiciese, pero que él se consideraba freudiano… yo le digo: perfecto, entonces, en mi caso, hacete a un lado, que primero voy a leer toda la obra de Freud. Después, en todo caso, leeré la tuya y trataré de establecer qué grado de interpretación, apropiación o tergiversación hiciste de los conceptos freudianos y cuál fue tu aporte específico.
Lamentablemente para él, para mí leer la obra de Freud también incluye atisbar contrapuntos con ‘su’ teoría a partir de este libro. Con lo cual, además de alentar su lectura, debería decir: quizás todo esto va en sintonía con la primera pregunta que me hice al ver el libro:

¿Por qué “Lacan vs. Freud” y no “Freud vs. Lacan”?
Yo tengo mi respuesta y me regodeo en ella.
Si alguien quiere dar cuenta de mi respuesta, solo tiene que decir en voz alta: “Lacan versus Freud”. Y luego, “Freud versus Lacan”… y fijarse si eso le indica algún sentido.

Mi cerebro (desde una Tomografía Axial Computarizada) – 2009 6 27

septiembre 3, 2009

Hace unos meses participé en un experimento de investigación en Neurociencias, experimento a cargo de Pablo Bartfeld, biólogo e investigador con el que participé en varios experimentos ya (como conejillo de indias, claro).

El experimentó consistió en realizarme un estudio de Tomografía Axial Computarizada, técnica de escaner rotativo por rayos X utilizada en procesos de diagnóstico médico.

Ayer me mandó las imágenes del estudio que me realizaron y me gustó la idea de compartir cómo es mi cerebro, visto por esta gigantesca máquina ruidosa e intransitable para claustrofóbicos.

¿Qué es ‘Destruir el Mundo’? – 2009 8 17

agosto 18, 2009


Hace unos días puse de nick en mi MSN “Destruir el Mundo”. Siempre me parece curioso ver cómo se muestra uno “ante los demás”, qué decide mostrar de uno, de sus ideales, sus valores, sus actividades, etc. Yo encuentro cierto placer en dejar ese espacio (en mi nick de MSN) en general para transmitir condensaciones de significado o valores, cuestiones relativas a cómo vivo simbólicamente lo Real. En ese sentido, “Amar el Mundo”, “Vibrar en Anahata”, “Manipura, Anahata, Vishudda” son alusiones a determinadas cuestiones que en esos momentos voy sintiendo vibrar en mi “particularidad de momento”, en ese “tiempo en el que vivo”.

… Y llegué a esta, “Destruir el Mundo”. Varias personas empezaron a preguntarme con qué sentido lo había escrito y obviamente, en algún punto lo puse ahí para hacerme el loquillo y andar contando el ‘por qué’ a todos (al fin y al cabo yo no podría escapar a querer fijar determinado ‘espejo‘ “de mí” en tanto expresión en sintonía con Vishudda chakra) .

Primero de todo, “Destruir” es fácilmente entendible como una cuestión negativa, peyorativa: como pulverizar, matar, aniquilar. A mí me gustan los equívocos, por eso en parte elegí condensar el significado en ese término.

Destruir lo entiendo principalmente bajo dos acepciones; una relativa a la Filosofía fenomenológica y otra a la Espiritualidad hinduista.

En relación a la Filosofía fenomenológica, primero diría que: es una corriente de reflexión y pensamiento acerca del “estado de cosas” de un “algo”, es una corriente que busca hacer una descripción de determinado “status quo” acerca de algo. Por ejemplo, llegar a una comprensión acerca de cómo nos comunicamos, describiendo las maneras generales en las cuales nos comunicamos. No entra particularmente en teorías o especulaciones demasiado distantes de lo Real, sino que busca ver cómo se entrelazan esas cuestiones relativas a lo Real de los actos de la “cuestión” que busca comprender.

En aquel sentido, “Destruir” alude a una deconstrucción, en el sentido de diluir las bases de cualquier “cuestión”, no para destruirla sino para hacer visible todo lo que a partir de la Historia y la Tradición de tal “cuestión” quedó naturalizado y hoy en día se ve como “normal”. Por ejemplo: comprender la Historia mediante la cual se hizo costumbre que las mujeres se ataran el pelo. Una comprensión posible, una chispa de comprensión es entender la cualidad de manipulación y control social que conllevaba eso hace unos siglos, y cómo esa conducta quedó naturalizada en algo socialmente aceptable pero que sigue arrastrando algo en relación a lo que se entiende como “comportamiento normal de una mujer”.

Entonces, “Destruir” sería dejar de ver como “dado” algo que en realidad es producto de una historia de costumbres, intereses y poderes; un juego de intenciones voluntarias y dinámicamente cambiantes. Sería algo así como “no hacernos los zonzos” con cuestiones que sabemos fueron producto de contextos y dialécticas sociohistóricas y no deben, por ende, ser tratadas como si siempre hubiesen existido y fuesen lo más ‘natural’ del mundo.

Hasta ahí llego y creo que expongo medianamente el sentido filosófico de “Destruir”. Todavía no leí a Jacques Derrida, a quien se atribuye el haber empezado a hablar de “Deconstrucción” (para evitar el sentido negativo), pero es una actitud filosófica-sociológica que puede rastrearse en la obra de otros filósofos: Nietzsche y Heidegger, entre otros, y también en la obra de sociólogos como Bourdieu.

La otra acepción viene del Hinduismo, y tiene más una connotación de espiritualidad, de movimiento cíclico de las energías en el Universo. La voy a explicar más corta, primero porque todavía no “la sé” suficientemente y segundo porque considero no requiere tanta explicación.

En el Hinduismo hay tres figuras imponentes en lo que refiere a dioses: Shivá, Vishnú y Brahmā. El Hinduismo explica los movimientos de energía en el Universo como la relación entre la fuerza y la dinámica que ejerce cada uno de estos tres dioses.

Shivá tiene esencialmente un poder destructor, lo cual no es exactamente negativo, sino que alude a un sentido regenerativo. Es decir, se trata de movimientos de energía que buscan diluir y llevar a fin determinados movimientos energéticos, determinados “estados” en el Mundo, para dar puerta al comienzo de “estados” y movimientos nuevos. El movimiento de Shivá estaría marcando la transición entre dos “status quo” del movimiento de la energía cósmica. Ciertas personas, ciertas motivaciones, ciertos estados de conciencia en la población cambiarían, según el Hinduismo, por razón de la acción que está efectuando en ese momento Shivá.

Entonces, Shivá en tanto “destructor” quedaría condensado en el “Destruir” en su sentido de regeneración, de abrir la puerta hacia algo nuevo en lo que respecta al movimiento y la fluidez de la energía cósmica en la especie humana.

Creo que hasta ahí “Destruir” queda lleno de al menos dos sentidos que yo busco dilucidar.

En relación a “Mundo”, para mí “Mundo” puede representar tanto al mundo en sí, al planeta Tierra, como también al “Mundo” de determinada cuestión, de determinada tradición, costumbre, concepto.

“Mundo” en esta segunda acepción englobaría las redes de “cuestiones” que trae aparejadas determinada “cuestión”. Para dar un ejemplo: si yo hablo de “andar en bicicleta”, estoy hablando de la historia de la bicicleta, del ciclismo como deporte, de andar en bicicleta por diversión, de andar con rueditas, sin rueditas, de andar con una caja de cambios, de usar casco, de usar luces, etcéteras. Estoy englobando una serie de cuestiones que se puede entender quedan implicadas o implícitas y explicitables en lo que nombro. Si digo “Ford” estoy englobando muchísimas cuestiones: Henry Ford, los automóviles, el auto en sí, los medios de transporte, Harrison Ford, y así; el ‘corte metodológico‘ (discernir cuándo dejo de asociar las “cuestiones” para dar cierto cierre de significado a la “cuestión” inicial) lo pongo yo, en relación a qué tan expansivo y profundo pretendo ser.

Entonces, “Destruir el Mundo” sería, en un sentido: llegar a visibilizar toda la historia de tradiciones y costumbres que se fueron amoldando en relación a determinada “cuestión”, entendiendo toda la serie de cuestiones que esta “cuestión” abarca por el hecho de haber sido naturalizada sociohistóricamente. A su vez, en otro sentido, sería dar pie a la posibilidad de un “cambio” en esta cuestión, de un viraje hacia algo que está medianamente por fuera de lo que podría entenderse es el curso natural de la historia de una tradición, una norma, una costumbre, etc.

“Destruir el Mundo” podría quedar implícito como premisa en un intento de, por ejemplo, empezar un movimiento popular para que se cambiase el asiento de conductor de los autos; de la izquierda hacia la derecha (como en Inglaterra y otros países). Sería, ante todo, visibilizar que el hecho de “conducir en el asiento izquierdo” es una costumbre, que tiene su historia de intenciones e intereses, así como comodidades; que tiene mucho peso en lo Real, ya que está arraigado a la Cultura, a la Tradición, ya que a nadie que conociese y viviese en este país se le ocurriría “intentar conducir en el asiento derecho de un auto”, pero que también, como tradición, puede ser “destruido” en tanto “normal” y puede dar pie a una regeneración de un valor o una norma.

Otra moción en donde podría quedar implícita la idea de “Destruir el Mundo” sería por ejemplo intentar promulgar una visión más humana acerca de la locura: entender que las personas que se considera están “locas” nunca llegan a ese estado de locura sino por influencia y dinámica recíproca con un medio ambiente de personas que, si no genera, por lo menos es cómplice de esa locura. Que una persona “loca” nunca está sola y que en buena medida ese mecanismo (enajenarse en la locura) casi siempre es el producto de un intento forzado de acomodarse a ciertas cuestiones de lo Real (en donde, obviamente, están inmersos “los otros” de su medio circundante); intento desacomodado de acomodarse, pero intento al fin y al cabo.

Hay miles de ejemplos más así, y a mí me gusta que sea de esa manera, porque con “Destruir el Mundo” yo busco ilustrar más una actitud que un ideal o un valor; es una posición para moverse con detenimiento pero con osadía sobre lo Simbólico, sobre la Cultura, sobre todas esas cuestiones que a través de nuestra socialización supimos ver sólo como nos mostraban y como aceptamos en primera instancia que son y deberían ser. Es también una esperanza propia de saber que ante una contingencia demasiado profunda en algún aspecto de la vida, quizás hay posibilidad de “ir hacia atrás” y poder hacer una comprensión profunda y sincera acerca del origen de determinadas cuestiones, y es, claramente, la convicción de que con esa actitud uno puede llegar a distintas vertientes nuevas de existencia, uno puede encontrar “maneras de existir” nuevas, auténticas, honestas y originales.

Las dos fotos que puse, representan en alguna medida esta actitud; el color no es casualidad; son colores similares a aquel que simboliza a Ajna chakra, el centro o “rueda” energética de quien se dice Shivá es representante.


I Ching: hexagrama 25; Wu Wang / La Inocencia (Lo Inesperado)

agosto 2, 2009

Hace ya unas semanas, fui a cenar a lo de Yesi, y me invitó a estrenar su recién conseguido “Libro de las Mutaciones”, que yo definiría como una herramienta de guía e interpretación espiritual. Según me explicaba ella, se trata de realizar algún tipo de pregunta acerca de algo, hacer una “tirada de monedas” a partir de la cual se obtiene un hexagrama (un dibujito con seis líneas) que conlleva a un correspondiente texto. El texto, se presume, da algún tipo de respuesta a interpretar a partir de la pregunta hecha.

Bueno, y me di el gusto, placer y honor de estrenar su libro. Hice mi pregunta, la escribí, “la pregunté”, y recibí mi respuesta a interpretar. Lo curioso y aquello por lo cual hago este post, es que a la pregunta que yo hice, me respondió de una manera que fue totalmente acorde a cierta “auto-percepción” de mí en relación a mi vínculo con ese valor denominado “inocencia” y lo que conlleva. En ese momento, cuando interpreté mi respuesta, recordé junto a Yesi que hacía un mes atrás, más o menos, había recibido una “lectura” de una foto mía por parte del Maestro de mi escuela de yoga. Mi profesora de yoga llamó a cada uno de nosotros, los alumnos, nos sacó una foto y las llevó a su Maestro para que él diera cierta percepción acerca de nuestras auras, recomendaciones, sugerencias de ejercicios, asanas, etc.. Y esta “imagen” que trajo de mí mi profesora, fue en determinados aspectos totalmente armónica con esta respuesta que leí luego de mi pregunta en el I Ching. Y son “valores” o digamos, “cositas” que fui encontrando en mi “en mí” (en mí mismo) en distintos sistemas y prácticas de conocimiento espiritual.
Con esta idea de “escribir el blog” en tanto “escribirME”, escribir a través del blog en mí mismo, en mi cuerpo, llevar estas cosas escritas en las neuronas, me da placer compartir esta respuesta. La pregunta es importante pero no me interesa hacerla pública; la supo Yesi y la saben algunas personas más. Lo importante es que en tanto libro de interpretación, a mí me resultó profundo, atinado y coherente.

I Ching – Hexagrama 25: Wu Wang / La Inocencia (Lo Inesperado)

El hombre nace con una naturaleza esencialmente buena. Esa es la inocencia. A medida que vivimos esa inocencia queda prisionera de nuestros errores y de nuestra ignorancia, pero siempre permanece íntegra y dispuesta a aflorar cada vez que la convocamos mediante una serena espiritualidad, mediante nuestras virtudes más elevadas.

La inocencia es todo aquello que de manera natural y espontánea surge de nuestra naturaleza ariginal. Se trata de todo aquello que hacemos conforme a nuestra autentica naturaleza, de todo aquello que hacemos sin buscar recompensas de ningún tipo, sin ninguna clase de segundas intenciones, de todo aquello que hacemos con absoluta sinceridad y autenticidad.

WU WAN, LA INOCENCIA, LO INESPERADO
Ch'ien
Arriba Ch’ien, lo creatvo, el cielo
Chen
Abajo Chen, lo suscitativo, el trueno

El juicio

“Inocencia. El mayor éxito. La perseverancia rinde. Si alguien no es lo que quisiera, tiene mala fortuna y no le ayudará a emprender ninguna cosa”.

El hombre recibió del cielo una naturaleza intrínsecamente buena, para guiarlo en sus movimientos. Si dentro de sí lleva la devoción a ese espíritu divino, llega a una inocencia excepcional que lo guía con instintiva seguridad sin propósitos ulteriores acerca de ventajas personales. Esto le acarrea el mejor de los éxitos. Sólo es realmente instintivo lo que está de acuerdo con la voluntad divina, estas cualidades de justicia, no reflexión, intuición son indispensables para evitar la desgracia.

La imagen

“Bajo el cielo vibra el trueno. Todas las cosas llegan al estado natural de inocencia como los reyes antiguos, ricos en virtudes y en armonía con sus tiempos, hacían florecer y nutrían a todos los seres”.

Los buenos gobernantes de la humanidad nutren la salud espiritual y se preocupan de las formas de vida y de cultura de aquellos a quienes guían, en el momento adecuado.

Las líneas

Mutación en la línea 1 (base) significa: “Conducta inocente trae buena fortuna”.

Los impulsos originales del corazón son siempre buenos, y se puede seguirlos con confianza, asegurando la buena fortuna y la tranquilidad de nuestras almas.

Mutación en la línea 2 significa: “Si alguien no se preocupa de cosechar cuando llueve, no sabe nada de las formas de cultivo, alguien debe enseñarle algo”.

Debemos hacer todas las cosas cuando el tiempo y el lugar lo requieran Y no mirando el resultado. Así cada tarea resulta bien y cada tarea que emprendemos fructifica.

Mutación en la línea 3 significa: “Desgracia inmerecida. La vaca fue ordeñada por alguien, provecho del vagabundo, el ciudadano extraviado”.

A veces la desgracia llega a causa de otros, como cuando alguien pasa y ordeña una vaca que no le pertenece. Su provecho constituye nuestra pérdida. En todas las transacciones no importa cuán inocentemente nos acomodemos a las exigencias del tiempo, a veces la desgracia puede llegar dé fuera.

Mutación en la línea 4 significa: “El que puede ser perseverante permanece sin culpa”.

No podemos abandonar lo que realmente nos pertenece, incluso botándolo. Tampoco debemos experimentar ansiedad. Lo único que requerimos es permanecer fieles a nuestra naturaleza y no escuchar a los demás.

Mutación en la línea 5 significa: “No incurrimos en falta respecto a nosotros mismos. Se aprobarán a sí mismos”.

Un mal inesperado puede llegar accidentalmente del exterior. Si no se origina, en la propia naturaleza ni lo hemos provocado, no habrá que recurrir a medios extremos para erradicarlo, pero sí dejar que la naturaleza siga libremente su curso. El progreso llega por sí mismo.

Mutación en la línea 6 (cima) significa: “Una acción inocente trae desgracia. Nada aprovecha”.

Cuando, en una situación dada, el tiempo no es propicio al progreso, lo mejor es mantenerse quieto, sin propósitos ulteriores. Si alguien actúa sin pensar y trata de forzar la situación oponiéndose al destino, no logrará el éxito.

(Fuente: http://www.eloraculochino.com/hexagrama-25-wu-wang-la-inocencia-lo-inesperado.php)

"Pensar" como un posible "dirigir la voluntad hacia la inteligencia" – 2009 7 26

julio 26, 2009

Hoy, en el fin del almuerzo a horario estrambótico-dominguero con mi familia, a mi viejo le surgió una pregunta que me transmitió y generó un mini-debate: ¿Qué es el pensamiento?

A través de una serie de proposiciones que fuimos haciendo, preguntas ampliatorias, digamos, a través de toda la serie de encadenaciones de ideas que fuimos “diciendo” a través de las reflexiones, se fueron hilvanando determinadas ideas que pueden girar en torno a lo que entendemos por pensamiento.

Una de las ideas, gira en torno a pensar el pensamiento bajo lo que “hoy en día, en esta cultura, acá” representa socialmente ‘pensar’. Lo analogamos a un “pensar con palabras”, es decir, pensar con el lenguaje, utilizando el lenguaje como herramienta indispensable y “de base” para el pensar. Digamos, yo ahora, estoy haciendo algún tipo de reflexión escrita acerca de lo que pensamos acerca de pensar en ese momento, estoy volviendo a esa discusión: estoy volviendo con palabras, con la forma meticulosa y obsesiva que encuentro de desplegar en terminología relacional esos caminos de lenguaje que se construyeron a partir de la idea disparadora. Me estoy basando en el lenguaje, lo estoy utilizando para pensar. Socialmente hablando, diría entonces, se puede representar al lenguaje como vehículo de pensamiento, lo cual daría una idea particular acerca del pensar: pensar en ese sentido tendría por común de sí “hacer uso del lenguaje”.

Otra idea empezó a surgir con numerosos ejemplos que daba mi viejo acerca de un posible “pensar” de los “animales” (sin entrar en dicotomías persona / animal, sino tomando como eje de referencia cierta distancia de nuestros ancestros primates como para poder hacer una comparación hacia una “originaria” y mítica categoría “animal” desprovista de “cultura” o suficientemente improvista de “lenguaje”). En ese sentido, pensamos cómo sería un posible pensar de las plantas por ejemplo.
El ejemplo que daba mi viejo era: hay un bosque, donde crece una planta. La planta lleva en su “modo de ser”, genético, originario, innato, instintivo, crecer en una dirección que le provea la mayor cantidad de luz posible.
La propuesta de mi viejo giraba en torno a pensar las posibles “opciones” que posee esa planta que crece en el bosque, en torno a lo que sería la posibilidad de la planta de “‘pensar’ opciones”.
Pero salió también una crítica a esa posibilidad: la planta en sí, no porta en su “ser planta” algo que le permita hacer algún tipo de “elección” en torno a “aprovechar la luz del Sol”. El hecho que la planta “busque” la luz del Sol para nutrirse no significa una opción entre otras, sino que significa “Lo”. Es decir, no es siquiera una opción, porque en el código genético de la planta que la dispone a “ser” de determinada manera en relación al Sol, no hay posibilidad alguna de escapar de este único “lo” que hace una planta para vivir.
Así, empezamos a pensar el pensamiento como relacionado de alguna manera con la plausibilidad de figurar opciones, en principio. Esto llevaría a un ulterior “considerar la voluntad”, en torno a la plausibilidad de las distintas opciones. Es decir, “pensar opciones” implicaría la posibilidad de ejercer algún tipo de acción orientada hacia alguna de esas opciones. Con lo cual, comenzó a mentarse el “voluntad” en torno al pensamiento.

Pero a su vez, esta segunda idea estaba bastante relacionada con la primera. Es decir, pensar la voluntad en torno al pensamiento no deja de arrastrar determinada concepción socialmente aceptada acerca del pensar que implica una posibilidad de “hacer luz” en determinado tipo de conciencia acerca de “las opciones”, acerca de la posibilidad, por ende la plausibilidad.

En ese sentido, pensamos un “pensar” equívocamente ‘animal’ (en el sentido que lo único que nos separa de ‘lo animal’ es la cultura) desprovisto de una voluntad precisa.

El ejemplo que encontramos daba algún tipo confirmación a la vez que cuestionamiento sobre esto era…
Pensamos una situación en donde un animal herido, decir, una cebra, yace en una sabana africana a punto de ser devorada por un león. La cebra, hasta el último momento posible, va a intentar hacer algo por su vida, por más que objetivamente hablando su condición sea de muerte segura. La cebra en ningún momento podría figurarse un “dejarse morir” en el sentido de un suicidio; no se encuentra en su comportamiento.

No obstante, empezamos a pensar cómo sería pensar el tema de la voluntad en casos de animales que se registra cometieron actos de suicidio. Mi hermana traía ejemplos contados por el novio de una amiga suya que trabaja en el zoológico de la ciudad, de animales que se suicidaron (probablemente por estados depresivos y de embotamiento emocional tras la captividad).

Entonces, podría vislumbrarse algo diferente acerca de lo que sería pensar la posibilidad de pensar en tanto elegir y un posible dirigir la voluntad hacia determinada opción.
Pero fue curioso también que los animales, esos animales que llegan a estados en donde eligen suicidarse, mantienen cierto grado de parentesco “no demasiado distante” de nuestro eslabón como especie.
Es decir, los monos por ejemplo, que eran uno de los ejemplos de animales que se suicidan, están comparativamente muy cerca de nuestro eslabón humano, de los primeros “homos”. Digamos, ahí la diferenciación entre pensamiento metafóricamente “animal” y “humano” se desvanecería aún más.

Ahora, bajando de vuelta en el supuesto “árbol evolucionista de las especies”, las especies más lejanas a nosotros y por ende más fácilmente comparables… llegamos a la conclusión que si bien podríamos hablar de “pensamiento ‘animal'”, quizás sería esencialmente y biológicamente correcto hablar de “inteligencia”. Digamos, si un animal está a punto de ser atacado por otro animal que se presenta más fuerte y peligroso, este primer animal de alguna manera “intelige”, es decir, elige ‘en su cabeza’ (metafóricamente hablando) que la mejor opción es tratar de huir de ese animal más peligroso. Digamos, algo muy cercano a los mecanismos de supervivencia propuestos por la Biología del Comportamiento: la conducta de huida y la conducta de enfrentamiento. En tanto ese nivel de posibilidades de la acción, se hablaría de inteligencia en ese caso. Desimaginando o des-representando aquella ‘voluntad’ nítidamente humana en el pensamiento como tal, podría pensarse el pensamiento ahí también como “decisión de evaluar la acción más apropiada”. Está claro que quizás no sea una decisión puramente conciente o voluntaria, que puede estar predispuesta muy fuertemente a partir de los factores genéticos adquiridos (que nunca son absolutos y deterministas, igualmente). Pero ante eso, podría vislumbrarse un posible pensar en los animales ejemplificando con estas “decisiones de conducta” posibles en estos escenarios de peligro.

En definitiva, en torno al pensar más “humano”, quedó como fruto algo así como un pensar dirigiendo la voluntad, un reflectar opciones a partir del lenguaje. Como una inteligencia puesta al servicio por la voluntad y el lenguaje, culturalmente hablando.

Bueno… me cansé de flashear. Creo que algunas ideas quedaron plasmadas… jaja. El otro día hablaba con Fran acerca de qué significa para mí tener este blog. Mi respuesta, que es una entre otras, fue que estas cosas que escribo a veces simplemente las escribo para mí, para escribírmelas, como una forma de mantenerme en contacto “real” (más allá de puramente-mente) con mis ideas.

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Luego de haber escrito esto, editando determinadas palabras en negrita, menté (menté en la mente) cierto aspecto del pensar que se me estaba camuflando mientras escribía. Me parece que estuvo siempre ahí en lo que escribí pero como me quedó tan claro, lo expongo y hago visible: pensar siempre es pensar algo, siempre es una actividad orientada, siempre actúa en relación a determinado “qué”, por más que sea un puramente pensar reflexivo sobre las ideas. Creo que se me camufló en el escrito porque me ensalzé demasiado en jugar a la dicotomía “animal / humano” y se me escapó el pensar desde una postura filosófica, en detrimento de un enfoque que tratase de ser biológicamente armónico con todas las especies.
Otra cosa que se me escapó pero yo tengo muy clara es que en nuestra Cultura pensamiento y lenguaje, si bien funcionalmente distintos, son también muy análogos. Quedó retratado en el principio del escrito en el sentido de “lenguaje para pensar”.
También, todas las dicotomías expuestas son puramente ficticias, este “jugar” que menciono se trata de hacer una abstracción impura y solo dando ciertas reglas de juego para reflexionar que de otro modo harían la cuestión absurdamente compleja. Digamos, uno va haciendo cortes metodológicos en cómo se va a acercar a determinada pregunta. Yo respondo jugando de cierta manera a pensar “los animales” distintos de “las personas”; podría no haberlo hecho así y tampoco habría salido algo demasiado distinto necesariamente. Pero salió así, supongo que de eso se trata ponerme a hacer una reflexión “como venga”.

"Lo voy a cuidar… como si fuera tuyo" – 2009 6 24

junio 24, 2009

Esto es una suerte de reflexión sobre un “decir” que siento está bastante naturalizado en nosotros, en nuestra manera de considerar las posesiones ajenas y el tipo de representación que tienen para nosotros.

Situación típica a la que todos nos vimos expuestos alguna vez: una persona nos presta “algo”. Nos presta ropa, la computadora, el mp3, la carpa, la mochila.

Hay un frecuente dicho, prometedor y supuestamente esperanzador, que decimos a la persona que nos presta: “Lo voy a cuidar como si fuera mío”.

Mi reflexión es: ¿Algo tiene que ser “propio” para representarnos mentalmente un cuidado? ¿Cómo es esto de que para cuidar algo que no es nuestro, tenemos que hacer de cuenta que sí lo es? ¿No hay acaso algún otro registro de cuidado, que no esté distanciado del cuidado que damos a nuestros propios objetos pero sí caracterizado por una genuina atención y cuidado a los objetos de otras personas?

Estas preguntas me ponen cínico, pero sé que estoy hablando una verdad. Si cuando te prestan algo, vos necesitás hacer de cuenta que eso es “tuyo” para poder representarte cuidándolo, quizás en el fondo eso que te prestan sea demasiado para vos.
Para mí, una genuina actitud de cuidado representa justamente reconocer que ese objeto que nos prestan, no es nuestro, le pertenece a otra persona. Persona que confía en nosotros y en la cual nosotros confiamos (por eso le pedimos cosas prestadas). En ese sentido, se abre un tipo de cuidado que cierne sobre el propio cuidado que le da esa persona a su objeto en su vida cotidiana. No para ponernos a juzgar cómo lo cuida o entonces ridículamente tratar de determinar qué tipo de cuidados deberíamos tomar, sino esencialmente para reconocer que es un objeto ajeno a nuestra propiedad. De allí parte el cuidado de lo ajeno, de reconocer que no es propio. No por diferenciarlo del cuidado que uno hace de lo propio, sino para afirmar que justamente, se trata de cuidar algo “de otro”.

Entonces, reflexión hecha, a mí cuando me prestan algo, ¿qué digo? “Lo voy a cuidar… como si fuera tuyo”. Claramente, si me lo prestaste, ES tuyo. El dicho busca el efecto cómico, y generalmente yo doy una mini-explicación acerca de lo que significa para mí de diferente eso a la actitud típica de “… como si fuera mío.” En general las personas entienden y comparten, por más que me miren con ojos de “Chabón no podés más, mirá las cosas que te ponés a meditar”. Y es así, no puedo más, no puedo dejar de meditar y creo que está bien, jaja.

¿Y qué es cuidar algo sabiendo que es de otra persona? Y bueno, por lo menos es tratar de mantenerlo y devolverlo en las mismas condiciones en que uno lo recibió. Esa es una pauta inquebrantable y que nunca falló a lo largo de mis experiencias. O al menos, si el objeto sufrió daños, responsabilizarse por los mismos, tratando obviamente de enmendarlos de la mejor manera posible (hasta consultando por las posibilidades de enmendamiento).

Es una lógica de “lo prestado” y una dimensión abierta al campo del “prestar”. A mí me gusta prestar cosas, porque comprendo que todos en el Mundo tenemos ciertos objetos que otras personas pueden precisar en determinado tiempo y lugar, y en el fondo también siento que uno no debería ser celoso de sus posesiones y poner excusas para no prestarlas, ya que en última instancia lo material es totalmente finito en esta vida. Claro, si una persona pide y nunca devuelve en las condiciones originales, la confianza declina. Pero como siempre, una actitud de predisposición positiva es siempre un buen comienzo.

Paul Watzlawick – Axiomas de la comunicación humana

junio 11, 2009

Hace unos días vengo re-leyendo algunas partes de “Teoría de la comunicación humana” de este psicólogo y filólogo austríaco cuya obra estudié en Psicología Social.

Yo suelo ser bastante atento a cómo nos comunicamos, cómo uno comunica su Mundo, cómo uno es expresivo, de qué formas y a través de qué medios. Cómo se crean y confunden los mensajes cuando olvidamos el punto de vista referencial del otro y cuando nos olvidamos que nuestro mismo mensaje se transmite desde un punto de vista referencial propio.

¿Cómo comprendernos a través de este lenguaje? Todos necesitamos de alguna manera comunicarnos con las personas; de alguna manera, ya sea con la indiferencia o con la bronca, que también son humores para comunicarnos o con la comprensión y la actitud tolerante, que dan fruto a una visión más realista de lós demás y nosotros mismos.

Entonces, de alguna manera, yo encuentro que estos axiomas que propone Watzlawick son esenciales para ponernos a pensar, para preguntarnos algo acerca de cómo transmitimos nuestras emociones, nuestros pensamientos, verbal, corporalmente y por qué no, artísticamente.

Leí algunos libros sobre comunicación no-verbal, el llamado “lenguaje del cuerpo” y me parecen super interesantes, mientras el objetivo sea abrir la conciencia a comprendernos y expresarnos de una manera que refleje honestamente aquello con lo cual nos identificamos.
En este caso de los axiomas, me pareció interesante postearlo porque primero de todo abarca la comunicación en todo su sentido: verbal y no-verbal.

Estos axiomas representan para mí una forma de leitmotiv en todo momento de interacción, incluso para conmigo mismo en la reflexión con mi Mundo “interno”.
Son axiomas técnicos, que pueden ser utilizados para ayudar a que las personas se comprendan mejor, o al menos, para que reflexionan sobre la manera de comunicarse.

En este sentido, si bien sé poco y nada de la Teoría Sistémica, recuerdo que allá por el 2006 cursando Psicología Social nos marcaban que justamente estos axiomas se usan como herramientas técnicas de intervención y análisis en la terapia sistémica. Esto está bastante representado en Teoría de la comunicación humana en el capítulo que trata específicamente de la comunicación patológica en las familias.

Bueno, jaja, les comparto los axiomas, ojalá les generen algo, les abran algún espacio de reflexión que les permita una mejor comprensión de ustedes mismos y las personas en general.

( Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Paul_Watzlawick#Axiomas_de_Watzlawick )
Según Watzlawick, existen cinco axiomas en su teoría de la comunicación humana. Se consideran “axiomas” porque su cumplimiento es indefectible -en otros términos, reflejan condiciones de hecho en la comunicación humana, que nunca se hallan ausentes. En otras palabras: el cumplimiento de estos axiomas no puede, por lógica, no verificarse.

Es imposible no comunicarse: Todo comportamiento es una forma de comunicación. Como no existe forma contraria al comportamiento (“no-comportamiento” o “anti-comportamiento”), tampoco existe “no-comunicación”.

Toda comunicación tiene un nivel de contenido y un nivel de relación, de tal manera que el último clasifica al primero, y es, por tanto, una metacomunicación: Esto significa que toda comunicación tiene, además del significado de las palabras, más información sobre cómo el que habla quiere ser entendido y que le entiendan, así como, cómo la persona receptora va a entender el mensaje; y cómo el primero ve su relación con el receptor de la información. Por ejemplo, el comunicador dice: “Cuidate mucho”. El nivel de contenido en este caso podría ser evitar que pase algo malo y el nivel de relación sería de amistad-paternalista.

La naturaleza de una relación depende de la gradación que los participantes hagan de las secuencias comunicacionales entre ellos: tanto el emisor como el receptor de la comunicación estructuran el flujo de la comunicación de diferente forma y, así, interpretan su propio comportamiento como mera reacción ante el del otro. Cada uno cree que la conducta del otro es “la” causa de su propia conducta, cuando lo cierto es que la comunicación humana no puede reducirse a un sencillo juego de causa-efecto, sino que es un proceso cíclico, en el que cada parte contribuye a la continuidad (o ampliación, o modulación) del intercambio. Un ejemplo es el conflicto entre Israel y Palestina, donde cada parte actúa aseverando que no hace más que defenderse ante los ataques de la otra.

La comunicación humana implica dos modalidades: la digital y la analógica: La comunicación no implica simplemente las palabras habladas (comunicación digital: lo que se dice); también es importante la comunicación no verbal (o comunicación analógica: cómo se dice).
Los intercambios comunicacionales pueden ser tanto simétricos como complementarios: dependiendo de si la relación de las personas comunicantes está basada en intercambios igualitarios, es decir, tienden a igualar su conducta recíproca (ej. el grupo A critica fuertemente al grupo B, el grupo B critica fuertemente al grupo A); o si está basada en intercambios aditivos, es decir, donde uno y otro se complementan, produciendo un acoplamiento recíproco de la relación (ej. A se comporta de manera dominante, B se atiene a este comportamiento).
Ej: una relación complementaria es la que presenta un tipo de autoridad (padre-hijo, profesor-alumno) y la simétrica es la que se presenta en seres de iguales condiciones (hermanos, amigos, amantes, etc.)

Los fracasos en la comunicación entre individuos se presentan, cuando:
– estos se comunican en un código distinto
– el código en el que transmite el mensaje ha sido alterado dentro del canal
– existe una falsa interpretación de la situación
– se confunde el nivel de relación por el nivel de contenido
– existe una puntuación
– la comunicación digital no concuerda con la comunicación analógica
– se espera un intercambio comunicacional complementario y se recibe uno paralelo (o bien simétrico)
La comunicación entre individuos es buena, cuando:
– el código del mensaje es correcto
– se evitan alteraciones en el código dentro del canal
– se toma en cuenta la situación del receptor
– se analiza el cuadro en el que se encuentra la comunicación
– la puntuación está bien definida
– la comunicación digital concuerda con la comunicación analógica
– el comunicador tiene su receptor

Una forma personal de cinismo – 2009 6 9

junio 9, 2009

De alguna manera, uno comienza a escribir con una idea en mente. Una idea, situación, experiencia, una figuración, una imaginación. Algo que es posible, o quizás no.

Empiezo escribiendo así: yo me considero una persona cínica. Digo, tengo una cuota activa de cinismo en mi vida cotidiana.

Usualmente el valor de “cínico” es asociado despectivamente a una persona que descree de todo; que nada le basta para dar fe en aquello que se figura en la realidad. Una persona que descree de las acciones, de los pensamientos, de las palabras, de los sentimientos. Tradicionalmente es un valor que se asocia a descreer de la misericordia, de la beneficencia y la caridad. En este punto, si bien asociado despectivamente, “cínico” me hace acordar al escrito sobre formas de conceptualizar una manera radical pero constructiva de ver lo que denominamos “pobreza”. Yo lo pongo entre comillas para entender que se trata justamente de una metáfora, de un más allá de lo Real, algo que irreverentemente engloba entre esas comillas un sinfín de definiciones y estereotipaciones de lo que entendemos puede ser la manifestación de “pobreza”. Yo creo radicalmente que al quitarle las comillas cometería el acto casi-delictivo de transformar un constructo socio-histórico y englobador en algo estático y “para siempre”. Es decir, lo estaría naturalizando… justamente de lo que hablo en ese escrito: de naturalizar distintas visiones o posiciones paradigmáticas frente a determinados conceptos socio-históricos. Ah claro, porque eso que se denomina “pobreza”, obviamente encubre necesariamente cuatro aspectos: un espacio determinado en un tiempo determinado con una población determinada con recursos determinados. Es imposible pensar un constructo como “pobreza” por fuera de los parámetros de distribución de recursos de un espacio social, de un contexto poblacional. Lo que acá y ahora entendemos por “pobreza” no es lo mismo que se entendía hace 50 años, y menos que menos si nos trasladamos a otro país, o a otro continente.

Entonces, volviendo a la dirección de la idea tras la cual comenzé a escribir: el cinismo. El cinismo como forma o intento de radicalizar la mirada, quizás sea otra opción a esa visión despectiva que suele tenerse de él.
En mi entendimiento, no se trata de “descreer de todo”. Más bien, se trata de intentar comprender algo en sus más abarcativas convergencias.

Antes exponía que el cinismo puede ser entendido frente a pensamientos, palabras, acciones. Yo creo que en realidad, como posición de base, obviamente nadie tiene la Verdad (y me refiero a “una”, una sola, no digo que no existan Verdades, justamente es lo que afirmo con mi negación). Uno existe a la manera de sus pensamientos, sus acciones, sus ideales, sus sentimientos, sus emociones, sus palabras, lo que dice, lo que lo mueve, lo que hace, lo que siente.

Todos tenemos maneras particulares, paradigmas de decir-hacer-sentir-pensar. Todos tenemos determinadas Verdades acerca de cómo existir en el Mundo y eso me parece radicalmente respetable, porque para mí, filosóficamente hablando tiene que ver con el “punto de vista del conocimiento” que tiene cada persona desde su realidad y con sus abarcaciones.

Para mí, la postura que cierne al auténtico cinismo y aquel en el cual creo, y aquel que practico, reside en algo peculiar. No exactamente en la naturaleza de las palabras, las acciones, los sentimientos y los pensamientos, sino en su relación armónica y congruente.

Ejemplificando de alguna manera: Si yo me considero un cínico, yo me pienso como cínico, yo siento cínicamente, actúo cínicamente y hablo como un cínico. De alguna manera, el cinismo sería en mí un valor de base a ser proyectado en el Mundo de forma integral, integrada, asociada, estructurada en mi Personalidad.

Obviamente yo estoy tomando como base que todos podemos decir, sentir, pensar y hacer. No es este el caso de todos, pero me estoy refiriendo a cuatro verbos que para mí actúan como pilares genéricos en las capacidades generales de una población. Las personas comunmente sienten cosas, piensan cosas, hacen cosas y dicen cosas. La idea de mi forma de ver el cinismo, es ver qué relación hay entre estas cosas que sienten, piensan, hacen y dicen. Ver qué grado de armonía o desarmonía (hipocresía) hay entre ellas.

Entonces, el punto en donde se enaltece el cinismo es allí donde encuentra que una forma de la persona, por ejemplo, un “decir”, algo que se transmite en forma de palabra, encuentra, en la misma persona, un opuesto (o contra-sentido) en el “hacer”. Dicho de otra forma, una hipocresía: se dice lo que no se hace. (Si revirtiera la frase, quedaría plasmada una idea de Freud: “lo que no se dice, se hace”)

Hace un rato leía en Wikipedia algunas cuestiones antiguas sobre el cinismo. Yo no comparto esencialmente todas, pero estas anécdotas de Diógenes el Sinope me divirtieron mucho:

– Cuando Diógenes llegó a Atenas, quiso ser discípulo de Antístenes, pero este no quiso. Ante su insistencia, Antístenes le amenazó con su cayado, pero Diógenes le dijo: “no hay un bastón lo bastante duro para que me aparte de ti, mientras piense que tengas algo que decir”.
– Cuando fue puesto a la venta como esclavo, le preguntaron qué era lo que sabia hacer, y él contestó: “mandar, comprueba si alguien quiere comprar un amo”
– Una vez le preguntaron por qué la gente daba limosna a los pobres y no a los filósofos, a lo que respondió: “Porque piensan que pueden llegar a ser pobres, pero nunca a ser filósofos ”
– Cuando le invitaron a una lujosa mansión le advirtieron de no escupir al suelo, acto seguido escupió al dueño, diciendo que no había encontrado otro sitio más sucio.
– En un banquete, algunos, para reírse de él le pusieron unos huesos, como un perro. Él, acto seguido, orino encima, como un perro.

En la anécdota de los pobres y filósofos de alguna manera se puede ilustrar otro tipo de naturalización, que para mí tiene estrecha relación con el escrito mío que mencionaba antes. Esta idea que plasmaba en ese escrito de “Darle un poco de lo mucho que tengo, a este que no tiene nada y para quien este poco representa mucho”. Obviamente, no me voy a cansar de remarcar: no es una posición de desprecio a la ayuda que se da a las personas que pasan hambre o no tienen recursos suficientes para vivir en nuestra Sociedad, sino más bien una posición distinta la que pretendo plantear.

Si justamente lo que estoy diciendo, este decir, tiene que ver con la armonía entre el decir-sentir-pensar-hacer, quizás podríamos llegar a otro tipo de respuesta en relación a cómo nos planteamos que se puede revertir de alguna manera el desarrollo de lo que conceptualmente denominamos “pobreza”.
Para mí, ir a darle plata a los “pobres” no es una solución radical, ese es mi punto. El “ir a darle plata” que suena tan asqueroso -y por qué no, políticamente asqueroso- es lo mismo que hacer nada para que su situación siga siendo la misma. Es naturalizar una idea de “pobreza”, que ante todo en ese ejemplo está siendo sacralizada en que “pobreza” es falta de dinero. Sí, obvio, pobreza es en buena medida falta de dinero, pero eso no es todo, eso no es lo único, y tampoco quiere decir que entonces “dando dinero” se soluciona eso que llamamos “pobreza”.

La plata se gasta y se desea o precisa nuevamente. Salvo que estuviésemos dando plata contínuamente y esas personas dependiesen económicamente de nosotros (postura que tampoco me parecería ética o justa), no se resolvería ad-infinitum una situación de “pobreza”.

Por lo tanto, en definitiva, en este caso de la pobreza, aplicar el cinismo tiene que ver con ir hasta las últimas consecuencias a las cuales podemos proyectar se dirigen nuestras acciones, sentimientos, pensamientos, palabras, relacionados entre sí. Hasta dónde van conjuntamente y de qué manera relacionadas. Ponerse a reflexionar, de alguna manera, sobre la naturaleza integral de nuestras personas, de esos ideales por los cuales nos esforzamos con nuestros Cuerpos.