Transatlántego – 2009 5 22

Hoy pensaba, algo. Algo como… verse en la música. Algo como figurar la corporeidad en los tonos, en la melodía, en el ritmo. Ayer a la noche estuve un rato bailando en una soledad oscura muy particular Aphex Twin, un músico que quizás se podría clasificar como imbailable. Pero se me ocurrió bailarlo de alguna manera que me sugirió el espejo del baño de la casa de Fran. Y fue bailar los vaivenes, los chirridos, la electricidad característica. Los cortes de luz, la distonía o la euforia de labio superior levantado y dientes exhibicionistas. Fue escribir en el aire con el cuerpo como ahora intento hacer sin mirar, o sin ver el teclado o la pantalla o sin verme, o sin ver las manos, o cerrando los ojos, o sin ver sin cerrar. O abriendo los ojos, o abriendo las manos, los ojos en un abrir y cerrar de manos. Y abrir las manos y encontrar los ojos, circundeantes por el cuerpo, mirando “desde” las distintas partes del cuerpo. Mirando desde allí y desde allá, desde arriba y desde abajo. Desde el medio. Desde el pelo. Mirando desde esos pelos desproporcionalmente largos que me crecen en el brazo izquierdo. Mirando desde las hormonas. Viendo. Escopicidad.

Mirando desde, desde las partes del cuerpo en el aire. Mirando dibujando el aire, dibujando con el aire o dibujando en el aire con el cuerpo, bailando. Respirando el aire que dibujo con el cuerpo. Respirándome, a mí y a mi olor a mí. Inyectando mi esencia por la nariz, puntiaguda y quizás recóndita en otros lugares de mi mirar. Dos ojos saliendo de las dos fosas nasales, mirando hacia lo que va a entrar por la boca. El cuerpo desintegrado en el aire, flotando con seguridad pero sin certeza. Con confianza pero sin necesidad de algo definido. El cuerpo como masa líquida, deconstruida en el espacio siendo constituyente en él. Definiendo el espacio posible a partir del cuerpo posible, de la posición del cuerpo en el espacio, que es cuerpo, que es espacio.

La circularidad definida como lo anti-posicionable, lo inconformista por excelencia. La imposibilidad de pensar demasiado más acá o demasiado más allá. Ir al lugar donde los fenómenos tienen su expresión máxima en la emoción, en la vivencia, en el registro, en aquello que luego decanta en un par de neuronas que desde ese momento se conectan a mayor velocidad.

Un instante en el tiempo que pregunta por los tiempos posibles, sin esperar una respuesta. Una pregunta por la existencia desde el cuerpo que baila lo que no se sabe si se puede bailar, pero que en todo caso, baila con el espacio. Bailar con el espacio, con el aire que rodea pero que es parte de uno. Con la nada que está ahí y que también sigue el ritmo.

¿Qué es existir? Llevar, llevarse, llevar el cuerpo, llevar lo llevable, la mochila de lo Uno. Lo uno que está dentro de esa mochila. Llevarse a uno dentro de esa mochila, que es uno. Llevarse llevándose, trascenderse en la trascendencia, en lo indefinible. Impensarse, ser en esencia pero en el tiempo y el espacio. Materializarse manteniendo la esencia. Estar en el cielo y la tierra al mismo tiempo. Sermentecuerpo. Pensasionarse. Apasensarse. Trans, lo que está por sobre el borde de lo definibile. Algo que escapa a una dimensión clasificatoria. Escapa al borde de lo divisible, para ser todo y un poco más. Ir más allá de los parámetros de lo pensable. Ir más allá, mucho más allá de la mente, de la conciencia. Ir con la conciencia en el Cuerpo en el Mundo, tres cuestiones indisolubles. Desde donde se comienze, tres insoluciones. Tres cuestiones que son inseparables y dan la idea de existencia. Llenan el vaso, que no tiene adentro ni afuera. No está hecho sino por ese adentro que lo expulsa a la fenomenalidad y el afuera que lo contiene, y entre medio de esas dos dimensiones, abstractamente percibidas, nace el vaso. El vaso que sacia la sed de lo angustiante, la pregunta por la inquietud indisoluble en ver la realidad como par antitético de cualquier relación: individuo – Sociedad, mente – cuerpo, ego – alma, yo – Otro. Tomar un poquito de coraje, impulsar el resorte para que alcanze una tensión suficiente para lanzarse hacia el Infinito, la Nada, la Angustia, la Existencia, el Ser, los espacios y los tiempos que si bien ilusorios, también verdaderos. Hacer un viaje que propulse al ego más allá del océano de disimilitudes, al aparente agua que nos ahoga en un mar de disociaciones entre el Cuerpo y el Mundo, lisa y llanamente. La separación que nadie quiere reflexionar, cuando reflexionar es flexionar el cuerpo en el Mundo, de ningún modo metafórico.

aMok

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