Archive for 26 marzo 2009

Tonal y Nagual en "Relatos de Poder", de Carlos Castaneda

marzo 26, 2009

Esta es la tapa de “El camino tolteca”, de Ken Eagle Feather. Es un libro que compila y sistematiza todo el conocimiento registrado acerca de la brujería tolteca, enfocado sobretodo en la obra de Castaneda.

Ayer en una incursión hacia el espacio tronal de mi aposento di con “Relatos de Poder”, que se lo había prestado a Efra, un amigo que ahora anda por Australia. Lo hojié rápidamente pensando en la concepción de “tonal y nagual” de los toltecas; yo lo había olvidado, pero la explicación se encuentra en esta obra y justo paré de pasar hojas en esta escena en el restaurante, donde en mi experiencia quedó totalmente claro aquello a lo cual se quiere referir con “nagual”. Se los comparto.





“‑El tonal es todo cuanto conocemos ‑repitió len­tamente‑. Y eso no sólo nos incluye a nosotros, como personas, sino a todo lo que hay en nuestro mundo. Puede decirse que el tonal es todo cuanto salta a la vista.

“Lo empezamos a cuidar desde el momento de na­cer. En el momento en que tomamos la primera bo­canada de aire, también ese mismo aire es poder para el tonal. Así que, es muy apropiado decir que el to­nal de un ser humano está ligado íntimamente a su nacimiento.

“Debes recordar este punto. Es de gran importan­cia para entender todo esto. El tonal empieza en el nacimiento y acaba en la muerte.”

Quise recapitular todas las ideas expresadas. Lle­gué incluso a abrir la boca para pedirle repetir los puntos clave de nuestra conversación, pero, para mi asombro, no pude vocalizar mis palabras. Sufría una incapacidad en extremo curiosa; mis palabras pesaban y yo no tenía ningún control sobre esa sensación.

Miré a don Juan para indicarle que no podía hablar. Él tenía nuevamente la vista clavada en el área alrededor de mi estómago.

Alzó los ojos y preguntó cómo me sentía. Las pala­bras fluyeron de mi boca como si algo me hubiera destapado. Le dije que había tenido la peculiar sen­sación de no poder hablar ni pensar, pese a que mis ideas eran claras como el cristal.

‑¿Tus ideas eran claras como el cristal? ‑preguntó.

Me di cuenta entonces de que la claridad no había correspondido a mis ideas, sino a mi percepción del mundo.

‑¿Me está usted haciendo algo, don Juan? ‑pre­gunté.

‑Estoy tratando de convencerte de que tus comen­tarios no son necesarios ‑dijo, y rió.

‑¿O sea, que usted no quiere que yo haga pre­guntas?

‑No, no. Pregunta lo que quieras, pero no dejes que tu atención vacile.

Hube de admitir que la inmensidad del tema me había distraído.

‑Todavía no puedo entender, don Juan, lo que quiso usted decir con la frase de que el tonal es todo ‑dije tras una pausa momentánea,

‑El tonal es lo que construye el mundo.

‑¿Es el tonal el creador del mundo?

Don Juan se rascó las sienes.

‑El tonal construye el mundo sólo en un sentido figurado. No puede crear ni cambiar nada, y sin embargo construye el mundo porque su función es juz­gar, y evaluar, y atestiguar. Digo que el tonal cons­truye el mundo porque atestigua y evalúa al mundo de acuerdo con las reglas del tonal. En una manera extrañísima, el tonal es un creador que no crea nada. O sea que, el tonal inventa las reglas por medio de las cuales capta el mundo. Así que, en un sentido fi­gurado, el tonal construye el mundo.

Tarareó una melodía popular, golpeando con los dedos un lado de su silla, para llevar el ritmo. Sus ojos brillaban; parecían centellear. Chasqueó la len­gua, meneando la cabeza.

‑No entiendes ni jota ‑dijo con una sonrisa.

‑Sí le entiendo. No hay problema ‑dije, pero no sonó muy convincente.

‑El tonal es una isla ‑explicó‑. La mejor ma­nera de describirlo es decir que el tonal es esto.

Pasó la mano sobre la superficie de la mesa.

‑Podemos decir que el tonal es como la superficie de esta mesa. Una isla. Y en la isla tenemos todo. Esta isla es, de hecho, el mundo.

“Hay un tonal que es personalmente para cada uno de nosotros, y hay otro que es colectivo para todos nosotros en cualquier momento dado, al cual llama­mos el tonal de los tiempos.”

Señaló las hileras de mesas en el restaurante.

‑¡Mira! Cada mesa tiene la misma configuración. Hay ciertos objetos presentes en todas. Sin embargo, son individualmente distintas entre sí: algunas mesas están más llenas que otras; tienen diferente comida, diferentes platos, diferente atmósfera, pero tenemos que admitir que todas las mesas en este restaurante son muy semejantes. Lo mismo pasa con el tonal. Podemos decir que el tonal de los tiempos es lo que nos hace semejantes, en la misma forma en que hace se­mejantes todas las mesas en este restaurante. No obstante, cada mesa por separado es un caso indivi­dual, lo mismo que el tono personal de cada uno de nosotros. Pero el factor importante que hay que te­ner en cuenta, es que todo cuanto conocemos de nos­otros mismos y dé nuestro mundo está en la isla del tonal. ¿Ves lo que quiero decir?

-Si el tonal es todo cuanto conocemos de nosotros mismos y de nuestro mundo, ¿qué es entonces el nagual?

‑El nagual es la parte de nosotros mismos con la cual nunca tratamos.

‑¿Cómo dijo usted?

‑El nagual es la parte de nosotros para la cual no hay descripción: ni palabras, ni nombres, ni sensacio­nes, ni conocimiento.

‑Ésa es una contradicción, don Juan. En mi opi­nión, si no puede sentirse ni describirse ni nombrarse, no puede existir.

‑Es una contradicción nada más en tu opinión. Ya te lo advertí: no te rompas la crisma tratando de entender esto.

‑¿Diría usted que el nagual es la mente?

‑No. La mente es un objeto encima de la mesa. La mente es parte del tonal. Digamos que la mente es la salsa picante.

Tomó una botella de salsa y la puso frente a mí.

‑¿Es el nagual el alma?

‑No. El alma también está en la mesa. Digamos que el alma es el cenicero.

‑¿Es el nagual los pensamientos?

‑No. Los pensamientos también están en la mesa. Los pensamientos son como los cubiertos.

Cogió un tenedor y lo puso junto a la salsa y el cenicero.

‑¿Es un estado de gracia? ¿El cielo?

‑Tampoco es eso. Eso, sea lo que fuera, también es parte del tonal. Es, digamos, la servilleta.

Seguí proponiendo formas de describir aquello a lo que él aludía: intelecto puro, psique, energía, fuer­za vital, inmortalidad, principio vital. Por cada cosa que yo nombraba, él hallaba en la mesa un objeto que servía de contraparte y lo ponía frente a mí, has­ta que todo cuanto había en la mesa quedó apilado en un montón.

Don Juan parecía disfrutar enormidades. Soltaba risitas y se frotaba las manos cada vez que yo nom­braba otra posibilidad.

‑¿Es el nagual el Ser Supremo, el Omnipotente, Dios? ‑pregunté.

‑No. Dios también está en la mesa. Digamos que Dios es el mantel.

Hizo, en broma, el gesto de jalar el mantel para amontonarlo con los otros objetos que había puesto frente a mí.

-Pero, ¿dice usted que Dios no existe?

‑No. No dije eso. Sólo dije que el nagual no era Dios, porque Dios es un objeto de nuestro tonal per­sonal y del tonal de los tiempos. El tonal es, como ya dije, todo lo que creemos que es parte del mundo, incluyendo a Dios, por supuesto. Dios no tiene otra importancia que la de ser parte del tonal de nuestro tiempo.

‑Según yo lo entiendo, don Juan, Dios es todo ¿No estamos hablando de lo mismo?

‑No. Dios es solamente todo aquello en lo que puedes pensar; por eso, propiamente hablando, Dios no es sino otro objeto en la isla. Dios no puede ser visto cuando uno quiere; sólo podemos hablar de Él. En cambio, el nagual está al servicio del gue­rrero. Puede ser visto, pero no se puede hablar de él.

-Si el nagual no es ninguna de las cosas que he mencionado ‑dije‑, quizá pueda usted decirme el sitio donde se encuentra. ¿Dónde está?

Don Juan hizo un amplio ademán y señaló el área más allá de los confines de la mesa. Movió la mano como si, con el dorso, limpiara una superficie imagi­naria que rebasara los bordes de la mesa.

‑El nagual está allí ‑dijo‑. Allí, alrededor de la isla. El nagual está, allí, donde el poder se cierne.

“Desde el momento de nacer sentimos que hay dos partes en nosotros. A la hora de nacer, y luego por algún tiempo después, uno es todo nagual. En ese entonces, nosotros sentimos que para funcionar nece­sitamos una contraparte a lo que tenemos. Nos falta el tonal y eso nos da, desde el principio, el senti­miento de no estar completos. A esas alturas el tonal empieza a desarrollarse y llega a tener una impor­tancia tan absoluta para nuestro funcionamiento que opaca el brillo del nagual, lo avasalla; y así nos volvemos todo tonal. Desde el momento en que uno se vuelve todo tonal, no hacemos otra cosa sino aumen­tar esa vieja sensación de estar incompletos; esa sen­sación que nos acompaña desde el momento de nacer y que nos dice constantemente que hay otra parte de nosotros que nos haría íntegros.

“A partir del momento en que somos todo tonal, empezamos a hacer pares. Sentimos nuestros dos lados, pero siempre los representamos con objetos del tonal. Decimos que nuestras dos partes son el alma y el cuer­po. O la mente y la materia. O el bien y el mal. Dios y Satanás. Nunca nos damos cuenta, sin embargo, de que sólo estamos haciendo parejas con las cosas de la isla, algo muy semejante a hacer parejas con café y té, o pan y tortillas, o chile y mostaza. Somos de verdad animales raros. Nos creemos tanto y, en nues­tra locura, creemos tener perfecto sentido.”

Don Juan se puso en pie y me apostrofó como un orador. Me señaló con el índice e hizo temblar su cabeza.

‑El hombre no se mueve entre el bien y el mal ‑dijo en un tono hilarantemente retórico, tomando el salero y el pimentero en ambas manos‑. Su ver­dadero movimiento es entre lo negativo y lo positivo

Dejó la sal y la pimienta y cogió un tenedor y un cuchillo.

‑¡Lo dicho es un error! No hay movimiento nin­guno -continuó como si se respondiera a sí mismo­-. ¡El hombre es sólo mente!

Cogió la botella de salsa y la puso en alto. Luego la dejó.

‑Como puedes ver ‑dijo suavemente‑, podría­mos muy fácilmente reemplazar mente por salsa de chile y acabar diciendo: ‑“¡El hombre es sólo salsa de chile!” El hacer eso no nos volvería más demen­tes de lo que ya estamos.

‑Mucho me temo no haber hecho la pregunta correcta ‑dije‑. Quizá podríamos llegar a una mejor comprensión si preguntara qué puede uno hallar, específicamente, en el área más allá de la isla.

‑No hay manera de responder eso. Si yo te dijera: nada, sólo haría al nagual parte del tonal. Todo cuanto puedo decir es que allí, más allá de la isla, uno encuentra al nagual.

‑Pero, cuando usted, lo llama nagual, ¿no lo co­loca también en la isla?

‑No. Lo llamé nagual solamente para que te die­ras cuenta de él.

‑¡Muy bien! Pero al darme cuenta de él también he dado el primer paso para convertirlo en un nuevo objeto de mi tonal.

‑Creo que no me comprendes. Yo he nombrado al tonal y al nagual como un par verdadero. Eso es todo lo que he hecho.

Me recordó que en una ocasión, al tratar de expli­carle mi insistencia en el significado, discutí la idea de que acaso los niños no fueran capaces de concebir la diferencia entre “padre” y “madre” hasta que no se desarrollaran lo suficiente en el manejo del signi­ficado, y que tal vez creerían que la diferencia estaba radicada en que “padre” usa pantalones y “madre” usa faldas, o en otras diferencias relativas al corte de pelo, o al tamaño del cuerpo, o a la ropa.

‑Por cierto que hacemos lo mismo con las dos partes de nosotros ‑dijo‑. Sentimos que en nosotros hay otro lado. Pero cuando tratamos de precisar cuál es ese otro lado, el tonal se apodera de la batuta y, como director, es un fracaso. Es tan mezquino y celoso que nos deslumbra con su astucia y nos fuerza a des­truir el menor indicio de la otra parte del par ver­dadero: el nagual.”

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Tortuga nadando en el Zoo de Buenos Aires

marzo 24, 2009

Otra escena que me gustó mucho. Ya estábamos al final del recorrido en el Zoo y pasamos por una laguna llena de tortugas. Justo había una que se acercaba plácida y relajadamente hacia nosotros… no pude evitar filmarla (pero lo hice con suavidad, para no atentar contra la paz interior de la tortuga.)


Y les dejo alguna foto que les saqué

Coipos en el Zoo de Buenos Aires

marzo 24, 2009

Bon Vivanteo – 2004 (fecha inexacta)

marzo 24, 2009

Notas: Esto data del 2004, de cuando Teo estaba cumpliendo cuatro años. Lo escribí para un espacio bastante ególatra que tenía por aquellos tiempos; ególatra pero divertido y entretenido. En definitiva, en esta ocasión todos los laureles fueron para él. Sólo agregué una concepción nueva en su esfera de existencia, que es la propagación de sonidos compuestos por una introducción a un ronroneo con un consecuente maullido: los “purrumiau”.

Bon Vivanteo, 2004 (fecha inexacta)

Bueno, tanto mencionar a mi gato en el post anterior…

La gente empezó, viste: “Che, pero queremos ver a tu gato.” “Mandame una foto de tu gato”. “Mandame un buen gato”. “Quiero una gatorade”. “Queremos al Gato Coria”.

Y sí.

Decidí hacer un post corto pero conciso, para llenar las expectativas de muchos y ninguno.

Un identikit para que sepan reconocerlo por ahí, cuando anda bajo la luna haciendo gaturreadas.

Barba: una extensa barba gris (azul según el autor) crecida desde hace años. Siempre rehusó afeitársela, ya que como alega nuestro felino del día de hoy: “Tengo piel color zanahoria”.

Kit audio-visual:

Altoparlantes (2): normalmente usados para detectar emisiones de sonido de dragones, personas de la familia y otros seres fantásticos.

Faroles (2): cuando nació eran celestes. En su pasado cercano, el obsesivo consumo de marihuana dejó una marca imborrable en su historia personal: ahora son verdes como un picadillo de ganja. Dícese que también solía consumir sustancias tóxicas alienígenas… eso explicaría el fulgor de su mirada.

Gato sin manija: categorización remarcada por el hermano del autor, tras ser cómplice de un gato CON manija: un audaz dispositivo de correas a lo “arnés” que usó el susodicho en su primera expedición a Júpiter (dícese que allí tuvo encuentros del 3er tipo).

Desayuno continental: indispensable para la vida de gato. En lo posible que incluya: colibrí, gorrión, paloma, mariposa, abeja, lombriz y cualquier otro tipo de ser orgánico movedizo que pueda entrar en su boca. De no ser así, comida para gato también servirá.

Nike Shox (robadas): Las compró en la central de trenes de Júpiter. Las malas lenguas alegan que fueron robadas del gato vecino, en una disputa ganada por nuestro simpático felino, quien corrió con el objeto hurtado a la burla de: “Logi, sos re gato”.

El presente habita en su mansión en Av. Olazábal 448x. Responde al nombre de “Teo”, “Gato”, “miau” y “purrumiau”.

Se ruega extrema precaución al tratar con el mencionado. Su apariencia es tierna e inocente. Mas ya sabemos que engañan: el autor fue testigo de repetidas escenas de persecuciones salvajes en donde el felino cósmico demostró que si bien es un “bon vivant”, tiene un instinto impecable.

El futuro deparará sobre nueva información sobre este simpático animalito que coexiste con la familia González, y que, según la mamá del autor, “es un bebé, un hijo más”.

22 de marzo Día Mundial del Agua – invitación de Amigos de la Tierra

marzo 16, 2009

El camino del guerrero – 2009 3 14

marzo 15, 2009
(foto: 2009 3 5)
aMok


“Cualquier cosa es un camino entre un millón de caminos. Por tanto, un guerrero siempre debe tener presente que un camino es sólo un camino; si siente que no debería seguirlo, no debe permanecer en él bajo ninguna circunstancia. Su decisión de mantenerse en ese camino o de abandonarlo debe estar libre de miedo o ambición. Debe observar cada camino de cerca y de manera deliberada. Y hay una pregunta que un guerrero tiene que hacerse, obligatoriamente: ¿Tiene corazón este camino?
Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna parte. Sin embargo, un camino sin corazón nunca es agradable. En cambio, un camino con corazón resulta sencillo: a un guerrero no le cuesta tomarle gusto; el viaje se hace gozoso; mientras un hombre lo sigue, es uno con él.

Carlos Castaneda, “Las enseñanzas de Don Juan” (1968)

Seguir poder mirarme los pies – 2009 3 13

marzo 13, 2009
(foto: 2009 3 5)

Seguir poder mirarme los pies, es algo así como una garantía. Es el hecho de poder despegar del suelo desde la cintura hacia arriba. A veces desde las rodillas.
Es poder flexionar el cuerpo en la medida más desenfocada posible de aquello que me ven en los ojos. Es irme en un milisegundo para volver en años.
Desenfocar y flexionar, desenfocar y flexionar… es un ejercicio mental. Es seguir queriendo que mis pies estén ahí, nítidos, confiándome al suelo. Son la garantía de la existencia trascendental, y también es disfrutar el hecho de saltar en una pata. O en dos. O estar de rodillas. O en tres. Poder mirarme a los pies es encontrar la libertad de poder volar, tras la evidencia de que mi cuerpo está profundamente arraigado a la Tierra. O en cuatro.

aMok

18/3 – Charla sobre Glaciares Andinos en el Centro Cultural Tato Bores

marzo 13, 2009

El tiempo que pasa – 2007 (fecha inexacta)

marzo 13, 2009



Supuestamente, éste es el tiempo que pasa. El tiempo pasa y tenemos agujas para dar cuenta de ello. O tenemos agujas para hacernos creer que el tiempo que pasa, aguja por aguja, es el tiempo. Lo que pasa parece pasar, pero el tiempo ¿pasa? Las agujas suben escaleras, marcan números de teléfono. Hay un antes y un después de todo. Y decimos que hay tiempo. El tiempo es en función del tiempo que pasa. Pero ¿no es loco que mientras acá sea ahora, en otro lugar sea algo completamente distinto? O sea, ¿de qué nos sirve tener la idea de algo que pasa, si en realidad en el mismo instante del tiempo están pasando múltiples cosa? O sea, el tiempo es como una forma de decir: “O.k., el reloj que tengo enfrente mío marca las 16:35. En media hora…” O sea, usaríamos el tiempo como un instrumento de medición de algo. Pero ¿de qué nos sirve saber qué hora es, por ejemplo? Y, quizás fue la historia de estas mediciones de momentos -momentos medidos… ¿con qué? ¿Quién inventó el primer reloj? ¿Quién le dio cuerda? ¿Quién dijo “son tres agujas”? ¿Cómo se pasó de la concepción de horas a minutos y a segundos? De alguna forma, todas estas preguntas arrojan la misma respuesta: hubo algo ahí, que fue la necesidad de poner en devenir de la especie humana. Quizás fue el hecho de querer olvidar quiénes somos. O quiénes dejamos de ser, o quiénes comenzamos a ser. Pero los minutos, los segundos… ¿no está claro que el tiempo es un mecanismo para auto-controlarnos? Por eso admiro a la primera persona que se percató del instante. Esa persona que, cuando se dio cuenta de que había algo distinto en todos los momentos, ideó que entonces hay un pasado, un presente y un futuro. Es decir, una temática para todos los presentes. Porque en realidad, lo que quiso hacer esa persona, fue darle un sentido a aquello que todos queremos darle sentido a lo largo de nuestras vidas: la razón por la que, ya sea “aquí y ahora”, pasado, presente o futuro, nos situamos en determinado lugar sabiendo que estamos ahí, dudando de si al mismo tiempo estamos en algún otro lugar, o de si ahí donde estamos es donde realmente donde creemos estar. La insistente problemática de existir llevó a la conclusión más científica: existir tiene que ver con un proceso de cambio. Lo que la ciencia dejó de lado, fue no tanto la posibilidad de existir en muchos lugares en un instante, ni tampoco la idea de que el tiempo es plástico, o de si el tiempo realmente existe o no. Lo que la ciencia dejó de lado, incuestionable, es que las cosas pasan, no tanto por el devenir del tiempo, porque la división presente / pasado / futuro presenta una falla. Y esa es la falla que se quiere cubrir con el presente. Tratar de engañarnos de que estamos acá, de que somos en este preciso momento. Estamos demasiado seguros de nuestra existencia. 15:55.


aMok

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Notas: esto lo escribí y dibujé en la sala de lectura de la Facultad (de Psicología), en algún momento de la segunda mitad del 2007. Creo que era Septiembre u Octubre, no recuerdo exactamente. Me daba la sensación de estar viviendo el tiempo de una forma irreal, me daba a pensar en los principios de la física cuántica y la seguridad y la confianza con la que asumimos el hecho de existir en el tiempo. No por erradicarla, si bien el escrito parece querer insinuar eso. Sino para abrir la posibilidad a lo que también podría denominar “multi-existencialidad”, al hecho de estar existiendo de múltiples formas en múltiples espacios y tiempos simultáneos y paradójicos. Haberlo hecho video es una yapa porque estoy aprendiendo a usar un editor de video, jaja.

¡Churros!

marzo 9, 2009

Churros



Ingredientes:

leche, 1 taza

agua, 1 taza

harina, 2 tazas

sal, 1 cucharadita

ralladura de limón (a gusto)

aceite de maiz

azúcar

Herramientas:

olla mediana

cuchara de madera

sartén

pinza

fuente con papel absorbente

churrera

Preparación de la mezcla:

En la olla, poné a hervir el agua y la leche junto con la sal y la ralladura de limón. Cuando rompa el hervor, volcá rápidamente la harina y revolvé enérgicamente con la cuchara de madera. Se va a formar un engrudo pastoso, revolvé hasta que este se desprenda de los bordes de la olla. En este punto la mezcla ya está lista.

Preparación de los churros y cocción:

Llená la churrera con la mezcla hasta el tope. Asegurate que la mezcla esté bien comprimida (que no quede aire). Prepará los churros a tu gusto y poné a calentar una buena cantidad de aceite (los churros deberán quedar casi hundidos en el aceite).

Cuando el aceite esté bien caliente, es momento de freír los churros. Ayudándote con la pinza vas a tener que darlos vuelta para lograr una cocción pareja. La idea es que queden dorados. Una vez dorados, llevalos a la fuente con papel absorbente, secalos un poco y espolvoreales azúcar. Es conveniente mantener tapada la fuente a medida que se tienen listos los churros, cuestión que se mantengan calientes y secos.

No recuerdo cuántos churros rinde esta receta, pero sí que es una receta para preparar y comer en el día. Cuanto más tiempo se deje pasar, más se van a humedecer y van a empezar a quedar gomosos. Frente a esto, una alternativa es calentarlos un poco en el horno antes de comerlos para quitarles la humedad.

Notas:

además de con azúcar, también se los puede espolvorear con chocolate rallado.

Las recetas de churros no suelen diferir mucho, pero esta me la enseñó mi abuela. Siempre funcionó y recibí halagos. Si no tienen una churrera, pueden tratar de ingeniárselas con alguna herramienta que les permita comprimir la mezcla. Luego la cortan como desean y los cocinan.