La Payunia – Volcán Payún Matrú (Malargüe, Mendoza)

Al sudeste de Malargüe, Mendoza, está ubicada una zona geográfica con alrededor de 800 volcanes. “La Payunia” es su denominación más común. Toponímicamente el nombre remonta al vocablo “payén”, que en mapuche designa al cobre. Se dice que en los alrededores de los volcanes y por la zona solía encontrarse este metal.

Lo primero que impresiona de esta zona es el color característico del suelo: negro, producto de la depositación de roca volcánica en forma granulada a través de las erupciones volcánicas a lo largo de la historia.
A medida que uno se adentra en La Payunia encuentra otros dos colores predominantes: el rojo, también producto de la acción volcánica (el color se explica por el tipo de contacto que tuvo la roca con el agua y el aire), y el amarillo, que está predominantemente representado por la escasa vegetación que puebla el área. Cabe aclarar que es una zona extremadamente árida y por ello hay realmente muy poca vegetación, muy pocos pastos que logran crecer en ese suelo.

El paisaje que capté en esta foto logra retratar estos tres colores. Realmente fue muy impactante y sorprendente llegar a un lugar donde el suelo es negro, donde lo único que se ve a kilómetros a la redonda son volcanes de todo tipo, tamaño y forma.

El volcán que se alza en el horizonte es el Payún Matrú, con 3680 msnm.

A lo largo del tiempo iré subiendo más fotos de este paisaje lunático.
Hoy inauguro esta nueva “dimensión”, que es esencialmente la contemplación al tiempo que la fusión y la copertenencia con todo aquello que es a lo largo de la historia de la Tierra: la Naturaleza en su expresión más pura y caótica, pero armónica y diversa. Pensé en denominarla “Pachamama”; para aludir al tipo de culto que se le hace a la tierra en muchísimos lugares del continente, pero luego me pareció más interesante recalcar que nosotros, ínfimos, somos parte de esta inmensidad. Que nosotros vivimos en este planeta, en este lugar donde existen este tipo de geografías hace millones de años. La sensación que me decanta a mí de todo esto, de contemplar la Tierra, es la de pertenecer, la de ser parte humilde pero segura. La de respetar el suelo que piso, respetar el curso del agua y en este caso, asombrarme por lo que puede resultar de la furia de un volcán.

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