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Me reconozco en este terreno – 2007 7 15

enero 25, 2009

Quizás vuelvo una y otra vez sobre veintitantas letras que solo llegan a algunas miradas fugaces, con suerte a ojos atentos

¿Qué es lo que hace que después de años de vivir el lenguaje en el cuerpo ahora opte por silenciar el silencio?

Y plagiar estas letras que no son mías ni de alguien.
Plagiarlas porque alguna vez ya las escribí.
Ahora hay algo nuevo.
Yo ya las conozco.
Ellas nunca me conocieron.
Quizás tratar de exponerlas a mi vivir sea una forma de reconciliarme con ellas.

“Vengan, abrázenme.”

La A es vida. Nacimiento, origen. Primera vocal. Juega con objetivos. Cuando sea que sea, allí está su cima nevada de voluntad. Llegar al punto máximo es volver a empezar.
La B me recuerda a la gran paradoja de estar vivo. Una ‘v’ de ‘vivo’ debería formar una de las panzitas de la B. Quizás sea la de arriba, mientras que la otra ‘v’ prefiera el subsuelo de la vida. Como sea, hay una raya que separa a ambas. Una raya que la parte al medio, diferenciándolas para ser diferenciadas.
La C me recuerda a un arco de tensión. Juntando fuerza para lanzarme al “algo”, por su precisión.
La D es como una C. Pero hay un problema. El recorrido de la C es para adelante. El recorrido de la D es para atrás y… allí está. Una barrera. Una muralla. Quizás la D intenta reconducir el lenguaje a su origen. Y ella misma se ahorra tal trabajo, por lo cual todas las palabras con D estarían rebotando en un cuarto totalmente cerrado, separadas del resto del lenguaje.
La E es pura inercia. Son esos actos que alguna vez se tornaron hábitos. E, E, E. Pura locomoción sin pensar.
La F pareciera la inercia de pensar. Allá arriba está todo controlado y con metas constructivas. Me llama la atención lo poco cuidada que anda por los basamentos. Bien podría ser un pensar descuidado, o el hábito de pensar.
La G es la típica masoquista del grupo. Allí donde aparece, intenta auto-afligirse. Siempre en el medio de todo quilombo, no pierde oportunidad para candidatearse a la lástima.
La H es sabiduría. Muda, centrada pero no centralizada. Sabe lo que quiere y podrá usar sus brazos y sus piernas para conseguirlo. Habla pero prefiere pasar inadvertida en la oración, ya que su fuerte es el hacer y el sentir. En esos momentos donde sentimos que no sentimos algo (cuando sentimos nada), probablemente haya alguna H por ahí dando vueltas, entrometiéndose en el comienzo de algún sentimiento que quiere ser palabra.
La I es un fusible. Una carabina. Se achica cuando dispara. La bala sale para arriba y nos recuerda a esos consejos maternos: “Ojo en Navidad. Hay muchos locos sueltos que tiran tiros al aire. Te puede caer uno en la cabeza”. Un fusible le tiene miedo a todo.
La J me hace pensar en celeste. Un color que nunca entendí.
La K es la apertura al mundo. Toma el impulso de la E pero se desdobla en sí misma para mostrarse e inmiscuirse en donde parezca un buen espacio. “¿Dónde estás? Estoy acá.” “Vení para acá.” K.
La L. Nunca fui bueno para resolver reglas de tres compuestas. La L patea al arco. Se juega el todo por el todo. A veces mete gol, a veces desperdicia jugadas. L sabe que probar es lo mejor.
La M es propensa a dejar al hombre abajo. Prefiere hacerse cargo de algunas cuestiones que benefician su seguridad.
M es grande y aunque gire contra las agujas del reloj… todos la queremos. ¡Grande, M!
La N es a la L lo opuesto de lo que la F es a la E. La N bien podría convivir con H. NH. HN. Se ve lindo. Podrían formar una linda pareja. Tiene el privilegio de comandar una de las palabras que mejor definen a la gente: “No.”
¿Debería reclutar una Ñ? Muchos dirán que algún día la N fue mujer y la Ñ hombre. Esas personas sólo se fijan en lo superficial de la gente, ya que bien podrían ser ambas un hombre. ¡O una mujer! Creo que Ñ conlleva el problema existencial del género humano. ¿Vos qué sos? ¿Pero qué te sentís?
Ñ. Un travesti.
Todos saben que la O puede ser la vida y la muerte. Un eterno resplandor que llega siempre al mismo lugar. Abotonado en su comodidad no deja espacio para morder.
La P. Una F llevada al límite.
La Q. Una O que quiere tener contacto con las demás letras. Por ello generalmente va acompañada de la U.
La R. Una K paradójica, confundible con una B. Algunas de sus convicciones tienen el carácter de fuertes e incorregibles. Por otros momentos se presenta flexible y dinámica. Para mí que es un motor que puede presentar signos de ciclotimia. Brrrroooooooooom broom brrroooooooooooom
La S. ¡Veneno! Letra multi-uso si las hay. Designa plurales. Designa personas. Da rodeos para llegar a lo que quiere y llega, a otro lugar. Experiencia.
La T. La T es un pobre tipo que no tuvo mejor idea que morir ahorcado.
La U. Recipiente. Una O abierta a ideas. Creativa. Respuesta de su propio estímulo. “Uh!”. Sorpresa.
La V. Pareciera ser la sucesora de la U. Habría que investigar mejor el origen de tal inflexión en sus territorios más embarrados.
La W. No tiene mucha aplicación en nuestra lengua. Parece que se quizieron hacer los vivos y dijeron “Y claro, si hay una V entonces tenemos que hacer la segunda película”. Pero los críticos los avasallaron. Siempre hay algún tonto que empieza con que “Igual me gustó más la primera.”
X. ¡Otra que la H!. Dinámica, poco usada pero si aparece, es imposible no verla. Una de las islas de capacidades que el hombre explora poco en sí mismo.
La Y. Una V que se ajustó los pantalones con un cinturón.
Y finalmente, la Z. Una S invertida y rígida. La Z es el final. La Z es el camino hacia atrás. Muerte.

Ahora entiendo a las letras. Ellas siguen sin entenderme, pero en cada palabra que escriba, podrán inmiscuir estos significados ocultos.Así, cada palabra se conformará de su significado semántico, elegido por el autor. Pero también habrá un significado oculto cifrado en la composición de cada una de ellas, significado que será leído gestálticamente.

“ADIÓS”. El impulso me lleva a tratar de volver (D) hacia el seno materno (A). Me defiendo contra este mutilándolo (I), mientras empequeñezco y me ausento del mundo (O). Quize lograr un objetivo pero llegué a otro(S). “Adiós, me fui del mundo.”

¿Tiene Sentido, no?
aMok

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Notas: Tuve épocas en donde de alguna manera, me nacía escribir. Empezé a escribir cuando estaba en tercer año de la secundaria. “Organisimios” fue mi primer escrito, una crítica radical al funcionamiento de la Sociedad, a la función de la Religión en el pueblo. Estuve dos años, dos años y medio escribiendo y luego por causas que no hacen a esta nota, perdí casi todo. La perspectiva de mi vida me fue alejando del escribir hasta enemistarme con “mí mismo” escribiendo. Dejé de querer escribir, flexionar, “decir”, para figurarme en el “hacer”. Empezé a ver que algo faltaba en mi vida, y era llevar lo “dicho”, lo escrito a la acción. Así dejé de escribir por unos años. Terminé la secundaria, empezé la carrera de Psicología y cursando el tercer año, la materia Psicopatología, de alguna manera esto nació de mí.

Probablemente se estén preguntando quién es el señor de la foto. Es Emil Kraepelin, no voy a andar biografiándolo: fue el psiquiatra alemán que más investigó y más aportó al estudio de lo que él conoció como Paranoia, Parafrenia y Demencia Precoz.

Disfruté muchísimo estudiando la nosografía kraepeliniana. Es muy perfecta y armónica, con todo lo que ella implica. De alguna manera empezé a verme en algo: todos los estudiantes de Psicología (o casi todos, pero shhh.. ¡todos!) tenemos la necesidad de identificarnos en algún punto con lo que estudiamos. Es una forma de decir “Ah sí, yo soy un poquito de eso.”

Bueno, yo me identifiqué mucho con la Parafrenia, que es una patología compuesta por la Paranoia y la Demencia Precoz (actualmente denominada Esquizofrenia).

En la Paranoia, la mente se va más allá. Es “más allá de la mente”, lo cual da lugar a la metáfora de “las voces que se escuchan”. Es sacar a la mente a pasear y devolverle un mundo que se cree impropio. La particularidad es que hay construcciones lógicas, hay un mundo que se construye día a día a través del “más allá de la mente”, de las pistas, de lo que se empieza a percibir, de lo que se empieza a sospechar. Todo encaja de una manera sutil y sigilosa. Todo un mundo se arma detrás de una pequeña pista.

En la Esquizofrenia, la mente está totalmente disgregada. Los pensamientos son un total caos, es una total asistematización del orden del pensar (y muchas otras cosas). Es una arbitrariedad (que no es arbitraria, pero profundizar en esto sería entrar en la Psicopatología del Psicoanálisis; hoy no, gracias).

La Parafrenia es “más allá de la conexiones de pensamientos”. Es una combinación catastrófica y caótica pero ingeniosa y fantástica, delirante al extremo más ilógico pero concatenado. Es absolutamente trillado, es el chifle del moño oficial.
La Parafrenia es algo así como una persona que alucina y arma un mundo perfectamente caótico de sus alucinaciones. Es una combinación mortal, es como mezclar nafta y pólvora y darles fuego.

…Bueno, yo me identifiqué con eso.

Así nació esta creación totalmente disociada de la Realidad, totalmente fantástica y surreal, totalmente delirante y totalmente lógica. Es un estudio gestáltico del abecedario. Fue sentarme y “ver” las letras, verlas en un sentido transfigurativo. Fue verles las formas, lo que me sugerían, lo que se me ocurría.

Era agarrar las letras en mi mente y jugar a que fueran lo primero que se me ocurría tras su forma. Por eso, un análisis gestáltico del abecedario (gestalt: “forma”, en alemán, oh curiosamente nacionalidad de don Emil).

Reconocerme en ese terreno fue identificarme a la parafrenia, fue reconciliarme con el abecedario y el mundo de las letras y los significados. Fue aceptar nuevamente que yo podía y sabía escribir “algo”, lo que fuese, que me daba permiso para volver a darme letra. Fue aceptar que tenía mucha locura por desplegar, que lo mejor que puede hacer uno con su locura, con su delirio, con lo que ve y no está, con todo eso… es hacerlo arte y mostrárselo al mundo.

Así que yo le muestro al mundo, que agarro las cosas de lo Real (el abecedario naturalizado del lenguaje alfabético), lo proceso a través de mi Imaginario (mi creatividad, mi fantasía) y lo llevo muchísimo más allá de lo Simbólico (de lo culturalmente establecido, en este caso a través de la Lingüística).

Agarro las letras, las desgarro, las desarmo, las rearmo, las juego y las vuelvo a armar. Les pongo nombre, las ridiculizo, me ridiculizo escribiéndome en ellas… y así hago esto que representa mi arte. Estos momentos en donde las flexiones dementes se van más allá del mundo, donde la mujer está girando a más no poder en el sentido de las agujas del reloj y donde despertar la percepción y la conciencia tiene una profundidad y un eco galácticos.

Me reconozco en este terreno siempre es y será la culminación de las flexiones en el sentido de los despertares.

Leandro
2009 1 25

La Mona Ilusa

enero 25, 2009

Di con esta ilusión perceptiva en Google Images.

(fuente: http://i184.photobucket.com/albums/x76/unpocodemucho/ilusion_optica.jpg)

A mí al principio, cuando la vi, me pareció estar “construyendo” nomás la cabeza de la Mona Lisa. Después me fui dando cuenta por el grosor y el trazado de las líneas, que toda la imagen es una ilusión y que fui un iluso.

Me pareció algo distinta, esta ilusión, a las que generalmente vemos. Se parece a las series de dos imágenes en una (como la del esquimal y la cabeza del indio), pero tiene igualmente algo distinto. No se trata exactamente del foco de la visión, tampoco de generar cierto movimiento ocular en torno a la imagen (como pasa con las ilusiones de espirales que se mueven).

Fíjense que tan solo el variable grosor de las líneas va delineando lo que en nuestra mente rearmamos -capital cultural mediante- como la silueta de la Mona Lisa.

Ayer justo pensaba en el proceso de ir de lo más simple, de lo más singular a lo más complejo, a lo más abarcativo. De ir de determinadas pistas, hacia una generalidad. Pensaba concretamente en el proceso de inducción (ir de lo particular a lo universal, hacer Universo de una serie de fenómenos que se repiten).

Ahora lo muto hacia la inducción perceptiva: aunque por el capital cultural que tenemos (o dependiendo de él), quizás tengamos que ir de “atrás” hacia “adelante”: yo personalmente vi primero a la Mona Lisa. Luego me fui dando cuenta que la componían los distintos grosores de los trazos. ¡Quizás entonces fue deducción! (ir del Universo hacia sus componentes, de lo general hacia las particularidades que lo componen.)

Seguramente, remontándome al escrito anterior, inducción y deducción son solidarias o reveses. Ahí empieza a jugar la posición del que elige ver o no ver, de la persona que elige qué ver primero y qué después.

Las ilusiones ópticas de dos imágenes en una nos invitan a ver la doble realidad; al menos, la complejidad y la múltiple lectura que se puede hacer de lo real. En realidad, nos están invitando a entender nuestro imaginario. Probablemente una persona que vea el dibujo (que ponía de ejemplo) en el Polo Norte vea primero al esquimal. Quizás en el Noroeste de Argentina vean primero la cabeza del indio. O sea, más que del desprendimiento de lo real que hacemos con nuestra percepción, se trata privilegiadamente de captar con qué esquemas perceptivos, con qué cultura, con qué emociones estamos lanzándonos activamente a capturar lo real en nuestros ojos.

Reveses – 2009 1 25

enero 25, 2009

Vivir es habitar la energía que nos habita.

Es despertarnos en una habitación, en algún lugar.

Es despertar.

Vivir es despertar.


Es darnos cuenta que después de toda la vida que hemos vivido, estamos ahí, despertando en un lugar.


Vivir es un despertar; despertarnos de los sueños nunca fue tan genuino.

Soñar es prepararnos para la vida. Soñar es vida; es vivir.


Vivir es soñar, es soñar despertando, es soñar despierto.

Despertar a la vida es darnos cuenta que todo el tiempo esto es la vida, absolutamente todo y todo el tiempo.


Despertar es darnos cuenta de cuando el tiempo es en vida. Despertar es el acontecer tras el cual el tiempo queda cómplice de sí mismo. Es un revés del tiempo.

M.C. Escher – Moebius Strip II (1963)
(fuente: http://www.artchive.com/artchive/e/escher/escher_red_ants.jpg)
Escher. Moebius, el revés. Despertar es despertar siendo una hormiga. Una hormiga que transita la existencia en su doble revés.
Ser una hormiga es existir en la vida tanto como en los sueños. Es despertar indefinidamente en una y otra dimensión; es soñar viviendo, es vivir soñando.
Ser una hormiga, la hormiga de Escher, es entender que el día y la noche son reveses. Que significan, y sobretodo por esa exacta cualidad de ser lo supuestamente opuesto a otra cosa.
Pero los sueños y la vida no son opuestos, claro. Supuestamente son opuestos, pero no son realmente opuestos. Soñar y vivir son reveses. Son dos dimensiones distintas pero son lo mismo.
O digamos: vivir quizás es la condición de existir bajo la luz del Sol (mentira, pero tomémoslo como esquema). Entonces, soñar sería la condición de existir bajo la luz de la Luna y las estrellas (mentira, …o la siesta es una gran mentira).
Encuentro nuevamente, los reveses se encuentran y ya no importan los orígenes, el principio o el final. Desde ese momento, desde el encuentro, no hay origen y no hay final. No hay explicaciones, sino existencias y reflexiones. Nadie puede salirse de la cinta de Moebius de la vida. Nadie puede dejar de vivir los reveses. Nadie puede dejar de elegir tanto la vida como el sueño. Nadie puede dejar de soñar, si es que nadie puede dejar de vivir. O todos podemos soñar, porque todos podemos vivir.
Reveses
seseveR
Reveses, se se ver –> Se hacen ver.
Los reveses se hacen ver. Exactamente, porque conducen, porque no tienen origen. Se plasman por sí mismos…
… ¿Cómo podríamos concebir un momento en donde en los cielos no reinara ni el Sol ni la Luna?
Un instante colapsado en el tiempo, la no-energía. Un momento en donde no habría luz alguna, o toda quizás. No se sabe. Un momento en donde el Sol todavía no hubiese salido, pero la Luna ya se hubiera ido. Quizás en ese instante, las aguas nos reflejaran ecos a muchas preguntas. Pero no; vida y sueño, sueño y vida… son reveses.

aMok

Encuentro – M.C. Escher

enero 24, 2009

Estaba recordando al dibujante (entre tantas otras cosas) que conocí allá cuando tendría diez años, en la escuela primaria. Recuerdo me mandaron a hacer un trabajo sobre “un artista”, tenía libre albedrío para elegir al que quisiera. Fui a la casa de mi tío, quien cuando se enteró no dudó en posar un libro de Escher en mis manos.

Maurits Cornelis Escher, desde que leí su nombre completo nunca pude olvidarlo (nunca quize).

Y recuerdo que en ese entonces mi obra elegida, la que me hacía el eco más profundo, era “Encuentro”. Encuentro, dos caminos, un acuerdo, un pacto, la paz, la oscuridad, la luz, el encuentro de las fuerzas opuestas, lo intergiversable, el tiempo, el doblez del espacio, lo tanto, lo tan poco. Encuentro, ser solidarios con nosotros mismos.

Encuentro somos todos; encontrándonos. Me remontaba a encontrarnos en el decir, sentir y hacer. A hacer un pacto por nuestra vida y nuestro obrar. Un pacto simbólico para con nosotros mismos. Un pacto con nuestros “otros” mismos; con uno pero con todos a la vez. Para uno mismo pero de ahí en más para con el mundo.

Encuentro. Allá por 1944, Escher se encontraba y nos encontraba. A mí me encontró, yo lo encontré y así también me encontré. Nos encontramos.

Encuentro, 1944.
(fuente:
http://i227.photobucket.com/albums/dd113/puntocolor/escher_csg026_encounter-1.jpg)

Existentialism – Waking Life (escena)

enero 23, 2009

Recién estaba recordando esta película, densa por lo llenísima de contenidos e ideas pero así super interesante. Rememoro la sensación gratificante de sentir que un mundo propio de significados e ideales se veía plasmado en una escena de dos minutos de una película. Hoy en día veo la escena y me sigue alentando la voz del profesor.

Acá dejo el extracto de video con el texto en inglés… luego voy a aventurarme a traducirlo. ¡Luego, dije!

“The reason why I refuse to take existentialism as just another French fashion or historical curiosity is that I think it has something very important to offer us for the new century.

I’m afraid we’re losing the real virtues of living life passionately, sense of taking responsibility for who you are, the ability to make something of yourself and feeling good about life. Existentialism is often discussed as if it’s a philosophy of despair. But I think the truth is just the opposite. Sartre once interviewed said he never really felt a day of despair in his life. But one thing that comes out from reading these guys is not a sense of anguish about life so much as a real kind of exuberance of feeling on top of it. It’s like your life is yours to create.

I’ve read the postmodernists with some interest, even admiration. But when I read them, I always have this awful nagging feeling that something absolutely essential is getting left out. The more that you talk about a person as a social construction or as a confluence of forces or as fragmented or marginalized, what you do is you open up a whole new world of excuses. And when Sartre talks about responsibility, he’s not talking about something abstract. He’s not talking about the kind of self or soul that theologians would argue about. It’s something very concrete. It’s you and me talking. Making decisions. Doing things and taking the consequences.

It might be true that there are six billion people in the world and counting. Nevertheless, what you do makes a difference. It makes a difference, first of all, in material terms. Makes a difference to other people and it sets an example. In short, I think the message here is that we should never simply write ourselves off and see ourselves as the victim of various forces. It’s always our decision who we are.”


Ahora es luego:

“La razón por la cual me rehuso a apreciar el existencialismo como otra moda francesa o una curiosidad histórica es porque creo que nos ofrece algo muy importante para el nuevo milenio.
Temo que estamos perdiendo las virtudes reales; acerca de vivir la vida apasionadamente, acerca del sentido de asumir responsabilidad por quiénes somos; acerca de la habilidad de hacer algo de nosotros mismos y sentirnos bien con nuestra vida. El existencialismo es generalmente discutido como una filosofía de la desesperanza o desesperación. Yo creo sin embargo, que la verdad yace en exactamente lo opuesto. Sartre, una vez entrevistado, dijo que él nunca sintió un día de desesperanza en su vida. Una cuestión que decanta de leer a este tipo de autores es no tanto el sentido de angustia ante la vida, sino más bien la sensación de exhuberancia, de estar sobre la vida. En un decir… que la vida es nuestra para crearla.

He leído a los posmodernistas con cierto interés, hasta con admiración. Pero cuando los leo, siempre percibo esta terrible sensación de que hay algo esencial dejado de lado. Cuanto más hablamos acerca de una persona como una construcción social o como una confluencia de fuerzas, o como un ser fragmentado o marginado, lo que hacemos es abrir todo un mundo de excusas. Y cuando Sartre habla sobre la responsabilidad, no está hablando acerca de algo abstracto. No está hablando acerca del self o alma que proponen los teólogos. Está hablando de algo muy concreto. Está hablando acerca de nosotros, hablando, tomando decisiones, performando acciones y asumiendo las consecuencias.

Si bien es cierto que en el mundo hay seis billones de personas y contando, también es verdad que tan solo uno hace la diferencia. Uno hace la diferencia, ante todo en términos materiales. Hace la diferencia hacia otras personas, ya que establece un patrón, un ejemplo. En definitiva, el mensaje de todo esto versa sobre que nunca deberíamos borrarnos de nuestra historia y vernos como víctimas de distintas fuerzas. Siempre es nuestra decisión ser como somos.”

Una acción vale más que mil imágenes – 2009 1 23

enero 23, 2009

Parto del decir común, que una imagen vale más que mil palabras.
Llego a otro lugar, a comprender que una acción vale más que mil imágenes

Creo que el punto de reflexión es el pasaje de lo estático a lo animado.
Las palabras son acción, es cierto. Mediante las palabras podemos cambiar el mundo. Hay palabras elementales que provocan acciones o sensaciones en los otros, es indudable.
Pareciera que el dicho popular refiere a algo así como la insuficiencia de la palabra para abarcar la realidad. Quizás me estoy poniendo filosófico demasiado pronto pero me parece un camino atinado para llegar a la cuestión de la acción.

En las palabras, las imágenes y las acciones todos nos confundimos. Siempre estamos medianamente condenados a confundir los sentidos, las intenciones y demás. Pero me parece observar que…

…las palabras crean básicamente este escenario: hay un emisario que está exclamando algo acerca del mundo. está haciendo letra acerca de algo. Pareciera una posición esencialmente reflexiva. De hecho, esto que estoy haciendo pareciera ser concretamente eso: proclamar algo sobre el mundo. La capacidad que tenemos de evocar lo que percibimos y lo que queremos en palabras.

…en el pasaje a las imágenes, me parece que se empieza a complicar. No por el hecho de que una imagen sea perceptivamente más compleja que un puñado de palabras… sino por el lugar desde donde el “emisor” (que en realidad va a ser receptor) de la imagen se posiciona: yo estoy en el mundo recibiendo una serie de sensaciones que figuro y retroalimento perceptivamente. Una imagen, un escenario en lo real que de pronto se congela, se vuelve nítido para el que ve y queda cristalizado e incuestionable.

Una acción vale más que mil imágenes. ¿Por qué?
No estoy queriendo decir que las acciones valgan más que las imágenes o que las palabras, si bien literalmente se lee eso.
Lo que me interesa recalcar es el poder de cambiar las situaciones de la realidad en el “ahí y entonces” (en el espacio y tiempo), en los momentos apropiados y propicios.

En una situación cualquiera de la vida, generalmente nos vemos involucrados a vivir situaciones en donde estamos sintiendo algún tipo de tensión, disconformidad, displacer, lo que sea. Me voy a referir laxamente a este tipo de situaciones porque son inabarcables en su totalidad.
Lo que interesa recalcar es el tipo de posicionamiento que hacemos frente a estas tensiones cotidianas o de la vida en general. Volvamos al dicho popular…

…si valen solo las palabras, las situaciones se resuelven protestándolas: exclamándolas, quejándonos, diciendo, conversando, cuchicheando.

…si valen solo las imágenes, las situaciones se resuelven expectándolas: percibiéndolas, creando sensaciones a partir de lo que se ve y siente. El mundo es un cuadro del cual de alguna manera u otra en el acto de crear tan solo la imagen, se nos despega de nosotros. Es decir, quedamos despegados del mundo por el hecho de quedar pegados a nuestra imagen (que claro, vale más que mil palabras).

…si valen solo las acciones, las situaciones las resolvemos entre nosotros: haciendo favores, interviniendo en situaciones de conflicto o tensión, promoviendo actitudes, accionando sobre lo real.

A este punto me parece medianamente claro que no se puede vivir solo de palabras, no se puede vivir solo de imágenes y tampoco se puede vivir solo de acciones.
Mi idea es que precisamos discernir en el día a día el entrecruzamiento entre ambas.

Las palabras las veo más asociadas al “decir”.
Las imágenes, al “sentir” o “ver”.
Las acciones, al “hacer”.

En el entrecruzamiento de las tres pareciera encontrarse el equilibrio. Por un lado, para no quedarnos estancados en la idea de que el mundo “se dice” y nada más. Que basta con abarcar el mundo con palabras. Por otro lado, para no quedarnos presos de que lo que sentimos y vemos “es lo que es”, que las imágenes simplemente nos llegan y nosotros no podemos hacer algo para cambiar la realidad. Y por otro lado, para entender que las acciones son adecuadas siempre y cuando sean consensuadas por los actores, siempre y cuando contemos con el apoyo (y esto se consigue solo hablando o sintiendo, claro) de los otros.

Yo generalmente me caracterizo por tener posiciones mediadas, generalmente no suelo irme a los extremos de las situaciones porque creo que la sabiduría está en el caos del equilibrio, en tratar de abarcar todo y tratar de saber hacer algo con ese todo.

Pienso en un ejemplo de una forma de obrar en el mundo que me parece armoniza en el decir, el sentir y el hacer.
Tomemos como ejemplo la temática de la paz.
Todos queremos paz, todos deseamos de alguna manera u otra la paz en el mundo. Obviamente la pregunta es cómo y qué significa “paz” para cada uno.
Pero en lo cotidiano, sería algo así:

Podemos impregarnos de palabras acerca de lo que significa la paz. Podemos leer libros enteros sobre el significado, el sentido de la paz en el mundo. Podemos leer sobre activistas de la paz (Ghandi, la Madre Teresa, Lennon), podemos admirarlos, podemos exclamarlos en idolatría. Todo eso me parece esencial. Es necesariamente el primer paso, el punto en donde nos encontramos con los ideales que queremos llevar al mundo.
A su vez podemos impregarnos en lo cotidiano expectando actos de paz, o entendiendo en situaciones de qué forma se está tratando de pacificar (o no). Esto también me parece esencial, ya que hace al respeto y la contemplación, el sentir de las situaciones.
Y a su vez podemos tratar de llevar esos valores que decimos, esas imágenes que construimos, llevarlas a forjar un cambio en lo real. Sería el punto en donde eso que decimos, eso que sentimos se hace efectivo a través de nuestros cuerpos.

Sería llevar el ideal de la paz en el corazón, para lidiar con las imágenes de paz o falta de paz en la vida, para poder llevarnos con el cuerpo hacia el “hacer algo por la paz”.

Obviamente que nadie va a saber precisa y concretamente qué hay que hacer por la paz. Pero se pueden hacer cosas, acciones, tratar de disipar tensiones en determinados momentos, tratar de evitar el confrontamiento o el enfrentamiento desde lo cotidiano. Todo vale, todo cuenta. Todo vale porque todo parte de la base de nuestros ideales. Porque es el punto en donde efectivizamos lo que sentimos, es vivir los ideales.

De alguna manera este es el punto en donde culmina mi reflexión.
Los ideales son una de las bases más esenciales de nuestro obrar, de nuestra vida. Pero los ideales no son solo para idear. No son solo para transmitirlos en una charla de café. No son solo para imaginarlos “por un mundo mejor”. Los ideales son para vivirlos, y es ahí donde todo se complejiza. Donde nuestra forma de vivir los ideales comienza a superponerse, o a malentenderse, o a chocarse.

Es muy fácil para mí o para cualquiera portar la idea de ser un activista de la paz. Cualquiera puede proclamarse y exclamarse como activista de la paz. El punto mío es el pasaje entre la proclamación, la exclamación, y el llevar esa proclamación a la acción.

Por eso, vivir los ideales. Nada hay más complejo, a mí entender es un camino de vida lleno de malentendidos, discusiones y confusiones. Pero es abarcativo, no se queda solo en el molde de las palabras o las sensaciones. Es disponer nuestro cuerpo, prepararlo para llevarlo a las situaciones de la vida con los valores verdaderos que portamos. Es no olvidarse nunca de lo que uno siente o dice, porque uno lo lleva todo el tiempo consigo, forjado en el corazón.

Personalmente no puedo desentenderme de entender que decir, sentir y hacer son indisociables. Allí donde yo vea un caso en extremo paradójico de cualquiera de los tres, quizás vea un exceso o hipocresía, ya que los tres hacen a un equilibrio esencial entre “la persona” y los “otros”, a un ida y vuelta que va elaborando las situaciones. No hay otros sin palabras, no hay otros sin imágenes, y no hay cambio sin acción.

Vivir los ideales implica sabernos en el decir de lo que son nuestros valores, imaginarlos en el mundo o percibirlos allí donde están, y saber llevarlos en el cuerpo y desplegarlos con nuestra energía y nuestro amor, en cada momento, en cada situación. Esa es para mí, la existencia verdadera.

¿Para qué lado gira la mujer? Experiencia perceptiva – 2009 1 9

enero 9, 2009

Recién estaba buscando formas de crear etiquetas para el Blog. En general yo suelo reflexionar, con lo cual “reflexiones” sería una buena etiqueta. Pero como no me gusta quedarme en la literalidad, empezé a desarticular.

Reflexiones, son flexiones.
Son flexiones de mente.
Flexionar la mente puede significar que una parte de la mente se dobla sobre la otra.
Así entro en la supuesta disociación que hay entre hemisferio derecho e izquierdo del cerebro.
Tuve la duda de cuál era cada uno y quize resolverla.
Fui a Google y puse “hemisferios creativo racional”
Me llevó a una página con el mismo experimento que les comparto; experimento del que había escuchado hablar a Nadia (mi novia) el otro día en su casa.

El experimento consiste en lo siguiente…

Vean y observen la siguiente animación por unos segundos.

Ahora contéstense esta pregunta:

¿En qué sentido de las agujas del reloj gira el cuerpo de la mujer? ¿En el sentido usual, o en el sentido contrario a las agujas del reloj?

Dícese que en general las personas que predominantemente vemos a la mujer girando a favor del sentido de las agujas del reloj, tenemos un predominio del hemisferio creativo. O para no entrar en disociaciones hemisféricas… predominio de la creatividad.
Y las personas que predominantemente vemos a la mujer girando en contra del sentido de las agujas del reloj, tenemos un predominio del raciocinio.

Yo personalmente la vi los primeros dos segundos en contra de las agujas del reloj. Luego comenzé simplemente a verla a favor. De ahí en más, en primera instancia, solo la veía a favor.
Pero después me di cuenta del truco. Es difícil de explicar, pero es por las superposiciones y las composiciones de la imagen y cómo eso juega con el supuesto movimiento de la imagen.

Lo que me di cuenta es que, para verla girar hacia uno u otro lado, uno tiene que enfocar la visión en los pies de la mujer. Si se concentra en notar cómo se superponen los pies y cómo eso crea la ilusión de que gira hacia un lado o hacia otro, se puede de hecho revertir o elegir cuál pie es el derecho y cuál el izquierdo. Esto resultaría en que si la mujer está girando usando como eje su pie izquierdo, entonces vamos a ver que gira a favor del sentido de las agujas del reloj.
Si elegimos que esté girando usando como eje su pie derecho, vamos a ver que gira en contra del sentido de las agujas del reloj.

¡Pruébenlo! Es un desafío a ambos predominios. Está bueno ver cómo podemos apreciar de una u otra manera el movimiento, entendiendo que lo único que juega allí es una ilusión por superposición de imágenes y confusión de ejes rotatorios. Uh uh, diciendo esto me siento más del lado racional. Mejor voy a mirarle los pies a la mujer…

Ir a lo de Vicky es darte cuenta que un hombre es flaco – 2009 1 9

enero 9, 2009

Ayer hablaba con Fran sobre ir a la casa de Vicky. Fran me preguntaba la dirección de Vicky, y reflexioné algo que expando ahora:

“A ver… dejame buscar. Acá está. Palpa xxxx. Es Palpa y Delgado. (…) O sea, para ir a la casa de Vicky, vas a tener que pasar por algún lugar en donde va a haber parada una persona de sexo masculino. Acto seguido, vas a disponerte a tener contacto físico con esa persona. Vas a tener que hacer mociones suaves y controladas para explorar su área dérmica. Vas a tener que palparlo. Y cuando lo estés palpando, o lo hayas palpado lo suficiente, te vas a dar cuenta de algo. El tipo es flaco. Sí, es delgado. O sea, lo vas a palpar para darte cuenta que es un tipo delgado. Y bueno… probablemente en ese momento, de alguna manera… vas a estar en la esquina de la manzana de la casa de Vicky.”

Después digo que tengo un grado de simbolismo considerable. ¡Es que las palabras son juguetes! Y podemos usarlas, sacarles el significado, tomarlas por el significante, hacer de cuenta que significan otra cosa… y tantas cosas más.

Carpe diem, mais responsablement – 2009 1 9

enero 9, 2009

Carpe diem, mais responsablement.
Es necesariamente una interlocución cultural.
Es un intercambio de filosofías.
Un intercambio de posiciones ante la vida. Ante el día. Ante el “ante”.

Es un suceso histórico, pasar del vivenciar al spondeo, raíz que si bien recuerdo remonta a lo “greco”.

De alguna manera el spondeo dialoga desde lo francés con lo griego.
De esta manera estamos dialogando entre el latín y la reverberación del griego.

El carpe “nos invita a”; es la vivencia, el momento constante en que los frutos están maduros. Diem es el día, es el fruto.
Carpe diem en esta metáfora deja entrever algo así como: “aprovecha los frutos que el día siempre tiene listos. Aprovecha cada fruto que encuentres; este está en el punto justo para ser saboreado.” Hay de cierta manera una actitud de regocijo ante la vida.
… Lo cual paradójicamente nos hace dialogar con lo griego, con el spondeo y la responsabilidad.
Casualmente de los griegos encontramos los placeres dionisíacos. Dionisio es a los griegos lo que Baco es a los romanos (que son medianamente indisociables de los latinos – del latín, no de Latinoamerica, claro).

Entonces tenemos…
Los latinos que quieren vivir los días como los griegos. Y los griegos que sabían vivir los días como ellos solos (y por eso los latinos querian “aprovechar el día”)… pero tienen el spondeo. Hay que responder por esos frutos que comemos. Hay que, a su vez, elegir el fruto. Hay una cuestión de decisión, que de alguna manera implica “optar por”. Y “responder a”.

Carpe diem, mais responsablement. Vivan el día responsablemente.

De alguna forma extraña, al escribir esto último surge en mí esta imagen final: Sartre caminando por los senderos de la vida, buscando los frutos de su día y decidiéndose por ellos.

De alguna manera, para escalonarlo en lo simbólico, es: “vivir remite a la plenitud de lo esencial, a la vez que con una inscripción de lo cultural, o en última instancia de la norma social”.
Y para bajarlo más a lo real, es: “los días se viven, cuando vivir es saberse creador de lo que uno elige vivir”.

aMok

2009 1 8 – sobreTodo.

enero 9, 2009

Abarcar el todo, sabiendo que el todo es inabarcable.

Yo no puedo dejar de reflexionar sobre todo. No puedo evitar querer impregnarme de todas las posibilidades de cualquier situación posible. No puedo evitar imaginarme todos los mundos y todas las vidas.
Cuando hablo con alguien acerca de algo, no puedo dejar de impregnarme con todos los “algo” posibles. Cuando doy opciones, doy todas las opciones. Hasta las que no me parecen, hasta las que me parecen absurdas, hasta las que no me parecen opciones. No puedo. Simplemente no puedo dejar de querer transmitir todo al mismo tiempo, abarcando absolutamente todo. No puedo dejar de querer reflejarme en todo, de desintegrarme en la multiplicidad de ese “todo” que somos todos. No puedo dejar de moverme en el todo, porque el todo se me mueve lo quiera yo o no. Lo decida yo o no. No puedo dejar de sentir querer hacer algo por ese todo. Algo que se sumerja en el todo, algo que sea el todo o un todo reflejado en algo. No puedo, por ejemplo, dejar de querer transmitir mis ideales y mis valores en cualquier cosa. En lo que escribo, en mis acciones, en mis pensaciones, en mis sensamientos. No puedo dejar de querer ser todo al mismo tiempo, paradójico y perfectamente ingenuo.

Yo no puedo con todo, lo sé. Nadie puede con todo. Pero tampoco puedo dejar de querer poder con todo. Yo quiero poder con todo y en ese punto me vuelvo ridículo, paradójico, enroscado, complejo. Así es el todo. De nuevo: todo, somos todos. Y el todo es inabarcable. Porque uno es el todo, al mismo tiempo que no lo es. Y solo todos, somos el todo; siendo todo, y todos.

aMok